Comunicación

Cómo la comunicación pasiva arruinó mi relación abierta

Esos artículos de Reddit sobre “problemas de británicos” me ponen un poco nostálgica…

Por ejemplo:

“Pregunté si alguien quería la última galletita. Alguien la quiso.”

Eso sería shockeante… para mi viejo yo.

Para los que no son británicos, en Inglaterra, preguntar si alguien quiere la última galletita significa que la persona que está preguntando la quiere, pero según los términos de la etiqueta social, no tiene permitido decirlo. Para hacerlo aún más confuso, la persona que tome la última galletita será considerada irrespetuosa, porque en realidad el que preguntó la pidió primero (ya que preguntaron).

Si alguna vez te encontrás ante el enigma de la última galletita y lo único que querés es que nunca más te vuelvan a invitar, podés cometer el pecado capital de preguntarle al que pregunta si en realidad quiere la última galleta.

Entiendan esto; declarar abiertamente tus deseos y necesidades, en mi versión de la clase media inglesa, es considerado egoísta, grosero y una total falta de respeto. Entonces la persona en cuestión se vería obligada a negarse amablemente (en contra de su voluntad) sólo para salvar las apariencias: “No, no, no, jamás podría tomarla.” No les van a caer bien ni van a ser invitados de nuevo si fuerzan su mano de esta manera.

Por lo tanto, la mayoría de las veces a la hora del té en Inglaterra, la última galletita no se termina. A veces la gente la rompe a la mitad, entonces en otro cuarto, hasta que no queda más que una migaja en el plato.

Muchos la quieren, pero nadie quiere parecer egoísta, o peor aún, implicar que el anfitrión no compró suficientes galletitas (lo que pondría en cuestión su generosidad o su habilidades como anfitrión). La implicación y la inferencia son moneda corriente, lo que hace de la hora del té una reunión muy delicada. No es de extrañarse que hablemos sobre el clima y que tengamos que emborracharnos para hablar con honestidad. ¿Qué nos dice esto? No sólo que somos demasiado amables y que seguimos una etiqueta particularmente restrictiva, sino que Inglaterra es una nación de comunicadores pasivos.

 La comunicación pasiva en el poliamor

Últimamente, estuve haciendo una reseña de un nuevo libro llamado Más de dos, que está siendo muy publicitado como la próxima biblia para los interesados en las relaciones abiertas, y la comunicación pasiva es un tema central.

Ya pasaron siete años desde que nuestra primera relación abierta con otra pareja se desmoronó debido a varios factores, uno de ellos que yo (un prototipo de mujer inglesa que socializó con la etiqueta de la clase media) era incapaz de expresar mis necesidades. Tenía mucha tolerancia hacia los comportamientos inaceptables, ya que se me había entrenado para eso. Así, sin querer dejé que los otros tres miembros de mi relación cuadrangular cruzaran mis límites una y otra vez; no me hacía valer, no sabía expresar mis sentimientos y permití que los agravios crecieran y los reprimí hasta que escalaron hasta un punto en el que no era posible una resolución.

“Ellos saltaron del sofá y se escabulleron dentro de la habitación para  llevar a cabo un gran concierto sexual de domingo por la tarde que podíamos escuchar claramente aunque fuera detrás de puertas cerradas. Ni siquiera me habían tenido en cuenta. Se me presentaron dos opciones:

  • Hacé un escándalo, expresá tus necesidades, sé egoísta y decí que estás incómoda. Arriesgate al ridículo y a la malinterpretación y destruí el perfecto domingo de otras tres personas. ¿Acaso no lo valés?
  • Callate la boca.  Racionalizá con vos misma tus propios problemas que supuestamente están creando este pánico dentro de vos, sé mejor persona y viví con eso.

Vivir con eso. Por supuesto que iba a vivir con eso. Esa era mi manera. En un instante ví mi vida por delante. Elena tenía dos parejas primarias. Su esposo y mi esposo. Acaparaba la atención de mi marido cuando ella quería. Yo era la alfombra esperando para ser utilizada cuando ellos quedasen satisfechos. Me daban las sobras y tenía que estar agradecida por eso.”

- El intercambio de esposos, de Louisa Leontiades

La alternativa, en ese momento, era impensable. Para comunicarme de forma directa, asertiva y saludable, tenía que convertirme en alguien que mi familia y mi sociedad habrían considerado egoísta, ordinario y grosero. Tenía que ir en contra de toda mi crianza. Era una comunicadora pasiva. En cambio, mi “hermana-esposa” era una comunicadora directa y sí, yo la consideraba egoísta, ordinaria y grosera, como me habían enseñado. Éramos una bomba de tiempo a punto de explotar.

No es que la comunicación pasiva esté “mal” en sí misma (como sugieren los autores de Más de dos), si no que simplemente no es fácil construir una relación sana si te comunicás así, mucho menos construir relaciones múltiples.

“La comunicación directa parte de la premisa de que, si tu pareja quiere algo, te lo va a pedir. Tenés que resistir el impulsode inferir un juicio, deseo o necesidad que no está implícitamente declarado. Tenés que asumir que si tu pareja no trae a colación un tema, no tiene ningún problema y no está siendo simplemente amable. De la misma manera, si pone un tema sobre la mesa no lo hace para ser polémica o descortés, lo hace para discutirlo. […]
 
Por supuesto, esto no es siempre así. Algunas personas tienen estrategias de comunicación agresivas, que alienan a los demás, generan miedo y tienden a culpar al otro en vez de asumir la responsabilidad por sus propios problemas. Pero ‘directo’ no tiene que ser ‘agresivo’, ni se debe asumir que lo es porque puede crear una profecía auto-cumplida. Lo directo también puede ser compasivo.
 
La ventaja más clara de la comunicación directa es que te obliga a practicar cómo decir ‘no’.
 
Cuando uno se acostumbra a usar la comunicación pasiva o es incapaz de establecer límites, o cuando se cree que no tiene la capacidad de decir que no a algo, entonces es muy difícil que tus parejas confíen en tu ‘sí’”.
 

- Más de dos

Y la consecuencia más notoria de ser incapaz de que decir que no es que tu relación y tu vida se vuelven coercitivas, no-consensuadas.

Ser capaz de comunicarse con asertividad es un arte. Implica usar oraciones declarativas más que preguntas capciosas, usar un lenguaje sencillo en la voz activa antes que usar la voz pasiva, y pedir lo que necesitás, no en relación con lo que creés que otra gente quiere o tiene, sino al declarar lo que vos necesitás y darle espacio a tu pareja para que elija cómo satisfacer esa necesidad. También implica aceptar si la respuesta a tu pedido es un no (si no estás de acuerdo con una negativa, entonces demandando y no pidiendo algo.)

Pero por supuesto, en primer lugar,  para poner en práctica estas habilidades, tenés que convertirte en esa persona “egoísta, ordinaria y grosera” que te habían enseñado a evitar ser.

Y ahí es cuando te vas a preguntar a vos mismo: “¿mi felicidad vale más que mi imagen, mi estatus y mi posición social?” Porque si querés la maldita galletita, va a ser más probable que te la den, si simplemente la pedís.

Fuente:http://www.huffingtonpost.co.uk/louisa-leontiades/how-passive-communication_b_5653487.html

Traducción:Victoria Martinez y Luna B.