Comunicación

Comunicación No Violenta: Un lenguaje de vida de Marshall B. Rosenberg

Por Marshall B. Rosenberg / 16/04/15

CAPÍTULO UNO: DAR DESDE EL CORAZÓN

El corazón de la comunicación no violenta

“Lo que quiero en mi vida es compasión,

un flujo entre mi persona y otros basado

en un mutuo dar desde el corazón.”

—Marshall Rosenberg

Introducción

Creyendo que es nuestra naturaleza disfrutar de dar y recibir de una forma compasiva, he estado absorto por la mayor parte de mi vida con dos preguntas. ¿Qué sucede para que nos desconectemos de nuestra naturaleza compasiva que nos lleva a comportarnos violentamente y de forma explotadora? E inversamente, ¿qué permite que a algunas personas se mantengan conectadas a su naturaleza incluso bajo las circunstancias más difíciles?

Mis preocupaciones por estas preguntas empezaron en la niñez, alrededor del verano de 1943, cuando nuestra familia se mudó a Detroit, Michigan. La segunda semana después de que llegamos, una guerra racial estalló por un incidente en un parque público. Más de cuarenta personas murieron en los días siguientes. Nuestro barrio se encontraba en el centro de la violencia, y pasamos tres días encerrados en la casa. Cuando terminó el motín racial y comenzó la escuela, descubrí que un nombre podía ser tan peligroso como cualquier color de piel. Cuando el maestro dijo mi nombre durante la toma de asistencia, dos muchachos me miraron y sisearon, “¿Sos un judío?” [N. de T: kike es un término peyorativo para referirse a una persona judía.] Nunca había escuchado esa palabra antes y no sabía que algunas personas lo usaban de forma peyorativa para referirse a los judíos. Después de clases, los dos estaban esperándome: me tiraron al piso, me patearon y golpearon.

Desde el verano de 1943, estuve examinando las dos preguntas que mencioné. ¿Que nos empodera, por ejemplo, a estar conectados con nuestra naturaleza compasiva incluso en la peor de las circunstancias? PIenso en las personas como Etty Hillesum, que permanecieron compasivas incluso cuando eran sujeto de las condiciones grotescas de un campo de concentración alemán. Como escribió en su diario en el momento,

“No me asusto facilmente. No porque sea valiente, sino porque sé que trato con seres humanos y debo esforzarme en comprender sus acciones. Lo que realmente importa de lo que pasó esta mañana no es que un joven oficial de la Gestapo, exasperado, me haya increpado a gritos, sino que yo no me haya enfadado y que, por el contrario, haya procurado comprenderlo y hasta me hayan entrado ganas de preguntarle: ¿Fuiste infeliz cuando eras niño? ¿Tu novia te decepcionó? Sí, el joven tenía un aire atormentado, de víctima, estaba triste, parecía sentirse débil. Habría querido empezar a ayudarlo en ese mismo momento porque sé que cuando los jóvenes se sienten desgraciados se convierten en un peligro para los demás”.

—Etty Hillesum: Un Diario.

Mientras estudiaba los factores que afectan nuestra habilidad de mantenernos compasivos, me llamó la atención el rol del lenguaje y el uso de las palabras. Desde entonces he identificado un enfoque específico en la comunicación—tanto en la escucha como en el habla—que nos lleva a dar desde el corazón, conectándonos con nosotros mismos y con los demás en una forma que permite que nuestra compasión natural fluya. Llamo a este enfoque Comunicación No Violenta, usando el término de no violencia como lo usó Gandhi—para referirse a nuestro estado natural de compasión cuando la violencia ha amainado el corazón. Si bien puede que no consideremos que la forma en la que hablamos sea “violenta”, nuestras palabras frecuentemente conducen a heridas y dolor, ya sea para otros o para nosotros mismos. En algunas comunidades, el proceso que estoy describiendo es conocido como Comunicación Compasiva.

“Comunicación no violenta: una forma de comunicarnos que nos lleva a dar desde el corazón.”

Una forma de enfocar la atención

La comunicación no violenta se basa en habilidades del lenguaje y la comunicación que fortalecen nuestra capacidad de seguir siendo humanos, incluso en condiciones difíciles. No contiene nada nuevo; todo lo que fue integrado a la comunicación no violenta se conoce desde hace siglos. La intención es recordarnos aquellas cosas que ya sabemos—sobre cómo los humanos fuimos destinados a relacionarnos entre sí—y asistirnos en vivir de una forma que manifieste concretamente este conocimiento.

La comunicación no violenta nos guía a replantearnos cómo nos expresamos y escuchamos a los demás. En lugar de ser reacciones automáticas habituales, nuestras palabras se transforman en respuestas conscientes basadas firmemente en la conciencia de lo que estamos percibiendo, siendo y queriendo. Nos lleva a expresarnos con honestidad y claridad, mientras que simultáneamente le prestamos atención respetuosa y empática a los demás. En cualquier intercambio, estamos para escuchar nuestras propias necesidades internas y aquellas de los demás. La comunicación no-violenta nos entrena a observar cuidadosamente, y a ser capaces de especificar comportamientos y condiciones que nos están afectando. Aprendemos a identificar y articular claramente lo que queremos concretamente en cualquier situación. La forma es simple, y al mismo tiempo poderosamente transformadora.

“Percibimos las relaciones desde una nueva perspectiva cuando usamos la comunicación no-violenta para escucharnos nuestras propias necesidades más profundas y las de los demás.”

Cuando la comunicación no-violenta reemplaza nuestros patrones de defendernos, retirarnos o atacar cuando nos enfrentamos a los juicios y a las críticas, podemos percibirnos a nosotros y a los demás, así como a nuestras intenciones y nuestras relaciones, bajo una nueva perspectiva. La resistencia, las actitudes defensivas y las reacciones violentas se reducen al mínimo. Cuando nos enfocamos en aclarar lo que se observa, siente y necesita en lugar de diagnosticar y juzgar, descubrimos la profundidad de nuestra propia compasión. A través del énfasis en escuchar atentamente—a nosotros mismos y a los demás—la comunicación no-violenta fomenta el respeto, la atención, la empatía y engendra un deseo mutuo de dar desde el corazón.

Aunque me refiero a la comunicación no-violenta como un “proceso de comunicación” o un “lenguaje de compasión”, es más que un proceso o un lenguaje. En un nivel más profundo, es un recordatorio constante para mantener nuestra atención concentrada en un lugar en el que tendremos más posibilidades de encontrar lo que buscamos.

Hay una historia de un hombre bajo un farol buscando algo durante horas. Un oficial de policía que pasaba le preguntó qué estaba haciendo. “Buscando las llaves de mi auto”, respondió el hombre, que parecía estar algo borracho. “¿Se te cayeron acá?” preguntó el oficial. “No”, respondió el hombre, “se me cayeron en el callejón.” Viendo la expresión desconcertada del oficial de policía, el hombre se apresuró a explicar, “Pero la luz es mucho mejor acá.”

“Hagamos brillar la luz de la conciencia en lugares en donde podamos encontrar lo que estamos buscando.”

Me parece que mi condicionamiento cultural me lleva a enfocar mi atención en lugares en los que es poco probable que consiga lo que quiero. Desarrollé la comunicación no-violenta como una forma de entrenar mi atención—para hacer brillar la luz de la conciencia—en lugares que tengan el potencial para producir lo que estoy buscando. Lo que quiero en mi vida es compasión, un flujo entre mi mismo y los demás basado en dar mutuamente desde el corazón.

Cuando damos desde el corazón, lo hacemos por el gozo que brota cuando enriquecemos la vida de otra persona por propia voluntad. Esta forma de dar beneficia tanto al que dá como al que recibe. El que recibe disfruta el regalo sin preocuparse de las consecuencias que acompañan a los regalos que se dan por miedo, culpa, vergüenza, o deseo de ganancia. El que dá se beneficia de la mejora en el autoestima que resulta cuando vemos nuestros esfuerzos contribuyendo en el bienestar de alguien. El uso de la comunicación no-violenta no requiere que las personas con quienes nos comunicamos sean letrados en la comunicación no-violenta o que incluso estén motivados a relacionarse con nosotros compasivamente. Si nos quedamos con los principios de la comunicación no-violenta, motivados solamente a dar y recibir compasivamente, y a hacer todo lo que podamos para hacer saber a los demás que este es nuestro único motivo, ellos se van a unir a nosotros en el proceso y eventualmente van a ser capaces de responderse compasivamente entre sí. No estoy diciendo que esto siempre suceda rápidamente. Sin embargo, mantengo que la compasión brota inevitablemente cuando nos mantenemos fieles a los principios y los procesos de la comunicación no-violenta.

El proceso de la comunicación no-violenta

Para llegar a un mutuo deseo de dar de corazón, nos enfocamos en la luz de la conciencia en cuatro áreas—referidas como los cuatro componentes del modelo de la comunicación no-violenta.

LOS CUATRO COMPONENTES DE LA COMUNIACIÓN NO-VIOLENTA

  1. Observación.
  2. Sentimientos.
  3. Necesidades.
  4. Petición.

Primero, observamos qué es lo que está sucediendo realmente en una situación: ¿qué estamos observando que otros dicen o hacen que es enriquecedor o no enriquecedor en nuestras vidas? El truco es ser capaz de articular esta observación sin introducir ningún juicio o evaluación—simplemente decir lo que las otras personas están haciendo que nos gusta o nos disgusta. Después, decimos cómo nos sentimos cuando observamos esta acción: ¿nos sentimos heridos, asustados, alegres, entretenidos, irritados, etc.? Y tercero, decimos qué necesidades propias están conectadas a los sentimientos que hemos identificado. Una conciencia de estos tres componentes está presente cuando usamos la comunicación no-violenta para expresar clara y honestamente cómo somos.

Por ejemplo, una madre podría expresar estos tres componentes a su hijo adolescente diciendo, “Félix, cuando veo dos bolas de calcetines sucios debajo de la mesa y otros tres al lado del televisor, me siento irritada porque necesito más orden en las habitaciones que compartimos en común.”

Ella seguiría inmediatamente con el cuarto componente—una petición muy específica: “¿Podrías poner los calcetines en tu habitación o en la lavadora?” Este cuarto componente habla de qué es lo que queremos de la otra persona que enriquecería nuestras vidas o haría nuestras vidas más maravillosas.

Además, parte de la comunicación no-violenta es expresar estas cuatro piezas de información muy claramente, ya sea verbalmente o por cualquier otro medio. Otro aspecto de la comunicación consiste en recibir las mismas cuatro piezas de información de los demás. Nos conectamos con ellos al sentir lo que están observando, sintiendo y necesitando, y entonces descubrimos qué enriquecería sus vidas al recibir la cuarta pieza, su petición.

Mientras mantenemos la atención enfocada en las áreas que mencioné, y ayudamos a los demás a hacer lo mismo, establecemos un flujo de comunicación, de ida y vuelta, hasta que la compasión se manifieste naturalmente: lo que estoy observando, sintiendo y necesitando; lo que estoy pidiendo para enriquecer mi vida; lo que vos estás observando, sintiendo y necesitando; lo que estás pidiendo para enriquecer tu vida…

EL PROCESO DE LA COMUNICACIÓN NO-VIOLENTA

  • Las acciones concretas que estamos observando que están afectando nuestro bienestar.
  • Cómo nos sentimos en relación a lo que estamos observando.
  • Las necesidades, importancias, deseos, etc. que generan nuestros sentimientos.
  • La acción concreta que pedimos para poder enriquecer nuestras vidas.

Cuando usamos este proceso, podemos empezar por expresarnos o por recibir empáticamente estas cuatro piezas de información de los demás. Aunque vamos a aprender a escuchar y a expresar verbalmente cada uno de estos componentes en los Capítulos 3–6, es importante mantener en mente que la comunicación no-violenta no consiste en una fórmula establecida, sino que se adapta a varias situaciones así como a los estilos personales y culturales. Mientras que yo me refiero a la comunicación no-violenta convenientemente como un “proceso” o un “lenguaje”, es posible experimentar las cuatro piezas del proceso sin pronunciar una sola palabra. La esencia de la comunicación no-violentase encuentra en nuestra conciencia de esos cuatro componentes, no en las palabras que se intercambian.

Las dos partes de la comunicación no-violenta:

1. Expresar honestamente los cuatro componentes.

2. Recibir empáticamente los cuatro componentes.

Aplicando la comunicación no-violenta en nuestras vidas y en el mundo

Cuando usamos la comunicación no-violenta en nuestras interacciones—con nosotros mismos, con otra persona, o en un grupo—nos conectamos a nuestro estado natural de compasión. Por lo tanto, es un enfoque que puede ser efectivamente aplicado a todos los niveles de comunicación en diversas situaciones:

  • Relaciones íntimas.
  • Familias.
  • Escuelas.
  • Organizaciones e instituciones.
  • Terapia y consejería.
  • Negociaciones diplomáticas y comerciales.
  • Disputas y conflictos de cualquier naturaleza.

Algunas personas usan la comunicación no-violenta para crear una mayor profundidad y cuidado en sus relaciones íntimas:

“Cuando aprendí cómo podía recibir(escuchar), además de cómo podía dar(expresarme) usando la comunicación no-violenta, fui más allá de sentirme atacada y como un “pseudo-trapo de piso” a realmente escuchar las palabras y extraer sus sentimientos subyacentes. Descubrí a un hombre muy lastimado con quién estuve casada durante 28 años. Él me había pedido el divorcio el fin de semana anterior a taller[de comunicación no-violenta.] Para hacerla corta, hoy estamos acá—juntos, y aprecio la contribución que ha hecho a nuestro final feliz… Aprendí a escuchar los sentimientos, a expresar mis necesidades, a aceptar las respuestas que no siempre quise escuchar. Él no está acá para hacerme feliz, ni yo para crear la felicidad para él. Ambos aprendimos a crecer, a aceptar y a amar, para que cada uno pueda sentirse realizado.”

—participante de un taller en San Diego

Otros la usan para construir relaciones más efectivas en el trabajo. Una maestra escribe:

“Estuve usando la comunicación no-violenta en mi clase de educación especial durante aproximadamente un año. Puede funcionar incluso con niños que tengan retrasos en el lenguaje, dificultades para aprender, o problemas de conducta. Un estudiante en nuestra clase escupe, insulta, grita y da puñaladas con lápices a otros estudiantes cuando se acercan a su escritorio. Yo le indico “Por favor, decilo de otra forma. Usá tu jirafa para hablar.” [Los títeres de jirafa se usan en algunos talleres como una ayuda para la enseñanza para demostrar la comunicación no-violenta.] Él inmediatamente se para derecho, mira a la persona a la que está dirigido su enojo, y dice con calma “¿Podrías por favor alejarte de mi escritorio? Me siento enojado cuando te parás cerca de mí.” El otro estudiante puede responder con algo como “¡Perdón! Me olvidé de que te molestaba.” Empecé a pensar acerca de mi frustración con este niño y traté de descubrir qué necesitaba de él (además de armonía y orden). Me di cuenta de cuánto tiempo le había dedicado a planear las lecciones y cómo mi necesidad de creatividad y contribución estaban en cortocircuito para poder manejar la conducta. También, sentí que no estaba cumpliendo con las necesidades educativas de los demás estudiantes. Cuando él se comportaba de esa forma en la clase, empecé a decir, “Necesito que me prestes atención.” Podía tomarme cientas de indicaciones diarias, pero él captó el mensaje y usualmente se involucraba en la lección.”

—maestra, Chicago, Illinois

Un doctor escribe:

“Uso la comunicación no-violenta cada vez más en la práctica médica. Algunos pacientes preguntan si soy psicólogo, diciendo que usualmente sus doctores no están interesados en la forma en la que viven sus vidas o lidian con sus enfermedades. La comunicación no-violenta me ayuda a entender cuáles son las necesidades de los pacientes y qué necesitan escuchar en un momento determinado. Encuentro esto particularmente útil en la relación con pacientes con hemofilia o SIDA porque hay tanta ira y dolor que generalmente la relación entre el paciente y el proveedor de cuidado de la salud se ve seriamente afectada.

Recientemente una mujer con SIDA, a quien he estado tratando durante los últimos cinco años, me dijo que lo que más le ayudó fueron mis intentos de encontrar formas para que ella disfrute su vida diaria. Mi uso de la comunicación no-violenta ayuda en muchos aspectos. Frecuentemente en el pasado, cuando conocía a un paciente que tenía una enfermedad moral, yo mismo me dejaba atrapar por el pronóstico, y era muy difícil para mí alentarnos sinceramente a vivir sus vidas. Con la comunicación no-violenta, desarrollé una nueva conciencia así como un nuevo lenguaje. Me asombra ver lo bien que encaja en la práctica médica. Siento más energías y gozo en mi trabajo mientras me dedico cada vez más con la danza de la comunicación no-violenta.”

—médico en Paris

Otros usan este proceso en la arena política. Una miembro de gabinete francés que visitaba a su hermana remarcó la diferencia en cómo se comunicaban y respondían su hermana y su esposo entre sí. Animado por la descripción que le dieron de la comunicación no-violenta, ella mencionó que tenía previsto para la semana siguiente negociar unos temas sensibles entre Francia y Algeria con respecto a los procedimientos de adopción. Aunque el tiempo era limitado, despachamos a un entrenador de habla francesa a Paris para que trabajara con el ministro del gabinete. Luego, ella atribuyó gran parte del éxito en las negociaciones con Algeria a sus recientemente adquiridas técnicas de comunicación.

En Jerusalén, durante un taller al que asistieron israelíes de variadas tendencias políticas, los participantes usaban la comunicación no-violenta para expresarse sobre la cuestión altamente controvertida de Cisjordania. Muchos de los colonos israelíes que se habían establecido en Cisjordania creían que estaban cumpliendo un mandato religioso al hacerlo, y que están encerrados en un conflicto no sólo con los palestinos sino también con otros israelíes que reconocen la esperanza palestina por la soberanía nacional en esta región. Durante una sesión, uno de mis entrenadores y yo hicimos un modelo de cómo escuchar empáticamente por medio de la comunicación no-violenta, y entonces invitamos a los participantes a tomar turnos haciendo un juego de roles en la posición del otro. Después de veinte minutos, una colona anunció su voluntad de renunciar a sus demandas de territorio y de mudarse fuera de Cisjordania a un territorio que fuera reconocido internacionalmente como israelí si sus oponentes eran capaces de escucharla de la misma forma en la que ella acababa de escucharlos.

Globalmente, la comunicación no-violenta sirve como un recurso valioso para las comunidades que enfrentan conflictos violentos y severas tensiones étnicas, religiosas o políticas. La difusión del entrenamiento en la comunicación no-violenta y su uso en la mediación por personas en conflictos en Israel, la Autoridad Palestina, Nigeria, Rwanda, Sierra Leona, y en otros lugares han sido motivo de especial satisfacción para mí. Mis socios y yo una vez estuvimos en Belgrado durante tres días muy intensos entrenando a los ciudadanos que trabajaban para la paz. Cuando llegamos, las expresiones de desesperación estaban visiblemente grabadas en los rostros de los aprendices, porque su país estaba en medio de una guerra brutal en Bosnia y en Croacia. Mientras que el entrenamiento progresaba, escuchamos risas en sus voces a medida que compartían su profunda gratitud y gozo por haber encontrado el empoderamiento que buscaban. En las siguientes dos semanas, durante los entrenamientos en Croacia, Israel, y Palestina, otra vez vimos a ciudadanos desesperados en países devastados por la guerra recuperando su humor y confianza por el entrenamiento en la comunicación no-violenta que había recibido. Estoy contento y emocionado de poder compartir la riqueza de la Comunicación No Violenta con ustedes.

Sumario

La comunicación no-violenta nos ayuda a conectarnos con los demás y con nosotros mismos en una forma que permite que fluya nuestra compasión natural. Nos guía a replantearnos una forma de expresarnos y escuchar a los demás enfocada en nuestra conciencia en cuatro áreas: lo que estamos observando, sintiendo, y necesitando y lo que estamos pidiendo para enriquecer nuestras vidas. La comunicación no-violenta fomenta la escucha, el respeto, la empatía y engendra un deseo mutuo de dar desde el corazón. Algunas personas usan la comunicación no-violenta para dar respuestas compasivas a sí mismos, otros para crear más profundidad emocional en sus relaciones personales, e incluso otros la usan para construir relaciones efectivas en el trabajo o en la arena política. Globalmente, la comunicación no-violenta es usada para mediar disputas y conflictos en todos los niveles.

COMUNICACIÓN NO-VIOLENTA EN ACCIÓN

¡Homicida, Asesino, Asesino de Niños!

Intercalados en todo el libro hay diálogos titulados comunicación no-violenta en Acción. Estos diálogos intentan impartir el sabor de un intercambio real dónde el orador está aplicando los principios de la Comunicación No Violenta. Sin embargo, la comunicación no-violenta no es simplemente un lenguaje o un grupo de técnicas para el uso de palabras; la conciencia y la intención que abarca puede ser expresada a través de silencios, la calidad de la presencia, así como a través de las expresiones faciales y del lenguaje corporal. Los diálogos de comunicación no-violenta en Acción que van a estar leyendo son versiones necesariamente destiladas y abreviadas de los intercambios de la vida real, en donde los momentos de empatía silenciosa, historias, humor, gestos, etc. contribuirán a un flujo más natural de una conexión entre dos partes que podría ser aparente cuando los diálogos son condensados en la impronta.

Estaba presentando Comunicación No Violenta en una mezquita en el Campo de Refugiados de Deheisheh en Belén a alrededor de 170 hombres musulmanes palestinos. Las actitudes hacia los estadounidenses en ese momento no eran favorables. Mientras hablaba, de repente noté una ola de conmoción apagada revoloteando entre la audiencia. “¡Están susurrando que sos estadounidense!” me alertó mi traductor, justo cuando un caballero en la audiencia se puso de pie. Enfrentándome de lleno, gritó con todas sus fuerzas, “¡Homicida!” Inmediatamente una docena de voces se unieron en coro: “¡Asesino!” “¡Asesino de niños!” “¡Homicida!”

Afortunadamente, pude enfocar mi atención en lo que el hombre estaba sintiendo y necesitando. En este caso, tenía algunas señales. En el camino al campo de refugiados, había visto varias latas vacías de gas lacrimógeno que habían sido disparadas la noche anterior. En cada lata estaban claramente marcadas las palabras “Hecho en EE.UU.” Sabía que los refugiados albergaban una gran cantidad de ira hacia los EE.UU. por suministrar gas lacrimógeno y otras armas a Israel.

Me dirigí al hombre que me había llamado homicida:

Yo: ¿Está enojado porque le gustaría que mi gobierno usara sus recursos de manera diferente? (No sabía si mi suposición era correcta, pero lo que es crítico es mi esfuerzo sincero por conectar con sus sentimientos y necesidades.)

Él: ¡Con toda razón estoy enojado! ¿Pensás que necesitamos gas lacrimógeno? ¡Necesitamos alcantarillas, no gas lacrimógeno! ¡Necesitamos vivienda! ¡Necesitamos tener nuestro propio país!

Yo: ¿Entonces está furioso y agradecería algo de apoyo en la mejora de sus condiciones de vida y en ganar independencia política?

Él: ¿Sabés lo que es vivir aquí por veintisiete años de la forma en la que tengo que hacerlo con mi familia, hijos y todo? ¿Tenés la más pálida idea de lo que fue para nosotros?

Yo: Suena como que te estás sintiendo muy desesperado y que estás preguntándote si yo o cualquier otra persona realmente podemos entender lo que se siente el estar viviendo en estas condiciones. ¿Te estoy escuchando correctamente?

Él: ¿Querés entender? Decime, ¿tenés hijos? ¿Van a la escuela? ¿Tienen parques en dónde jugar? ¡Mi hijo está enfermo! ¡Juega en una cloaca abierta! ¡Su aula no tiene libros! ¿Viste una escuela que no tenga libros?

Yo: Escucho lo doloroso que es para usted tener que criar a sus hijos aquí; le gustaría que supiera que lo que usted quiere es lo que todo padre quiere para sus hijos, una buena educación, la oportunidad para jugar y crecer en un ambiente saludable…

Él: Así es, ¡lo básico! Derechos humanos, ¿no lo llaman así ustedes los estadounidenses? ¿Por qué no vienen más de ustedes a acá y ven que clase de derechos humanos están trayendo aquí?

Yo: ¿Le gustaría que más estadounidenses estén conscientes de la dimensión del sufrimiento que hay aquí y que observen más profundamente las consecuencias de nuestras acciones políticas?

Nuestro diálogo continuó, con él expresando su dolor por durante alrededor de veinte minutos, y yo escuchando el sentimiento y la necesidad detrás de cada declaración. No le dije que estaba de acuerdo o en desacuerdo. Recibí sus palabras, no como ataques, pero como regalos de un compañero humano que compartía su alma y sus profundas vulnerabilidades conmigo.

Una vez que el caballero se sintió comprendido, fue capaz de escucharme mientras le explicaba el propósito de estar en el campo. Y una hora después, el mismo hombre que me había llamado un homicida me estaba invitando a su casa a una cena de Ramadán.

Traducción:Luna B, Navimuse