Amor Propio, Relaciones Sanas y Abuso

El abuso en las relaciones poliamorosas

Esto es algo que está pasando…

Hace unos años, me interné en un hospital psiquiátrico. Dije que era suicida para garantizar mi estadía. Mentí. No era suicida, simplemente no podía ir a mi casa. Me senté en el auto e intenté pensar en una forma en la que pudiera lastimarme a mí misma lo suficiente como para quedar hospitalizada, pero que el choque tampoco me hiciera un daño permanente. ¿Qué tan rápido debería ir para romperme un hueso pero evitar el daño cerebral? ¿50, 65, 80 km/h? En vez de eso, manejé hasta el hospital y fui a la recepción. “¿Cómo estás?” preguntó el guardia de seguridad mientras le balbuceaba al recepcionista que era suicida. Probablemente le dí la mirada más absurda. “Um, he estado mejor…”

¿Qué carajo decís en una situación como esa? En realidad, ahora me hace reír cuando lo pienso. Todavía no estoy segura, pero ese tipo que estaba haciendo de seguridad era absolutamente malo en su trabajo o el guardia de seguridad más vivo del mundo.

Me senté en la sala de espera, intentando no llorar. Pensé que esto era algo que estaba pasando realmente. “Te estás internado en un psiquiátrico porque tenés miedo de ir a tu casa”.

“¿Tenés de depresión?”

“Sí.”

“¿Te autolesionás?”

“Sí.”

“¿Te sentís segura en tu casa?”

“¿Sí? Nadie me amenazó. No. No sé. Quizás estoy abusando de mi novio. Mi novio dice que soy abusiva. No sé qué está pasando. ¿Qué necesito decir? Por favor, por favor, por favor no me hagan ir a casa.”

Es difícil hablar sobre abuso. Para mí, creo que fue más difícil porque era abuso emocional. Recuerdo desear que él me golpeara. Si él me pegaba ahí sí sabría que era el momento para irme. Entonces toda mi debilidad y el odio hacia mí misma tendrían una causa identificable. Entendería por qué siento que ya no tengo una opción en esta relación, por qué no confío en mi propio juicio, por qué pareciera que no puedo decir que no, por qué termino llorando y disculpándome una y otra vez al final de cada conversación en la que trato de  defenderme.

Es difícil hablar sobre abuso. Porque el abuso no siempre luce como esperás que se vea. No siempre viene en la forma de rabia o ira. A veces nadie te dice estúpida, o incompetente o fea o vaga. A veces es tu sanidad, tu juicio y tus intenciones las que son cuestionadas una y otra vez. A veces la palabra que más duele es egoísta. Es la palabra que hace que quieras dejar de lado cualquier cosa y todo para arreglarlo, y cuando eso no funciona, te castigás. Es la palabra que te mantiene atrapada en un círculo de confusión, culpa y odio hacia vos misma. ¿Por qué no podés parar de lastimar a las personas? ¿Por qué?

Es difícil hablar sobre abuso. En parte por el medio a las represalias. Pero mayormente, porque una parte de vos piensa que vas a merecerlas cuando te las den. Porque cuando él te llamó loca, vos estabas actuando como una loca, llorando histéricamente, confundida, desesperada por decir lo que sea para repararlo y hacer que el dolor pare. Quizás él tenga razón. Y mientras deseas en silencio que pudieras encontrar una forma para no existir más, para que pudieras parar de lastimar a todos, su dolor era más grande y ruidoso, sus amenazas más severas. El rol de la víctima… estaba tomado, así que todo lo que veías cuando mirabas en el espejo era a un monstruo.

Es difícil hablar sobre abuso. Por la vergüenza. Porque había elegido un puñado de recuerdos preciosos, y me arrepentía de todo el resto. Me arrepiento de mi comportamiento. Me arrepiento de mi histeria desesperada, de mi dolor egocéntrico, de mi propio auto-abuso, de mi falta de fuerza y claridad. Me arrepiento de la persona que yo era casi todos los días en esa relación, de principio a fin. Y, cuando finalmente me fuí, estaba destruida y vacía. El monstruo en el espejo se convirtió en la nada absoluta, y estaba asombrada de que la gente no parecía darse cuenta de eso. Mis amigos me apoyaban, mis padres me sostenían cuando me despertaba llorando. Pero nada podía despejar este vacío fundamental y la incertidumbre que sentía en todo lo que hacía.

Nada me ayudó a tener confianza en mi propio juicio hasta que hablé con otras personas que pasaron por experiencias parecidas. No fue hasta que vi la forma en la que dudaban y empatizaban con las personas que las abusaron. No fue hasta que escuché esta palabra, egoísta, salir de la boca de alguien más, y vi lo mucho que las lastimaba, lo mucho que lo habían intentado, y lo ridícula que era esa etiqueta. No empecé a sentirme como una persona real hasta que reconocí la trampa en la historia de alguien más, que sos horrible si te quedás e incluso más horrible si te vas, y que la única forma de no ser horrible es entregar tu propia capacidad para elegir.

Nada me ayudó realmente hasta que otros compartieron sus historias conmigo. Así que voy a escribir una carta para mí misma, y esperar que sea útil para alguien más. Porque creo que estar en una relación poliamorosa me hizo (o quizás nos hizo) únicamente vulnerables a las dinámicas abusivas, y simultáneamente las opacó para que no reconociéramos lo que estaba sucediendo. Quiero normalizar esta experiencia porque me preocupa que sea algo muy común en el poliamor. Y una vez que reconozcamos que sucede, entonces quizás podamos empezar a hablar sobre cómo podemos ayudarnos a que se detenga.

Reconocer el abuso

Mucho de esto viene del libro ¿Por qué él hace esto? de Lundy Bancroft, quien ha tratado a hombres abusivos desde 1987. Creo que vale la pena repetir aquí algo que dice en la introducción.

“Una de las características predominantes de la vida en pareja con una persona que siempre está enojada o es controladora es que frecuentemente te dice lo que deberías pensar e intenta hacerte dudar o debilitar tu propia percepción y tus principios. No me gustaría ver que tu experiencia con este libro vuelva a recrear esa dinámica enfermiza. Así que el punto principal a tener en cuenta al leer las páginas que siguen es escuchar con atención lo que estoy diciendo, pero siempre pensar por vos misma. “

Me tomó más de un año ser capaz de decir con confianza que lo que me pasó fue un abuso. Abuso es una palabra muy cargada, y se siente muy deshumanizante para todas las partes. No fui capaz de decirle abuso hasta que me dí cuenta de que estaba siguiendo un guión social que al menos una de cada cuatro mujeres se encontrará cumpliendo en algún punto de sus vidas. Que mi experiencia fuera desgarradoramente común, y el hecho de que seguía haciéndome daño a mí misma y a otras mujeres al no confiar ni creer en mis propias experiencias y percepciones.

Casi toda la literatura que habla sobre el abuso entre adultos habla del abuso del hombre hacia la mujer. Realmente no es el único tipo de abuso, pero el abuso misógino es un abuso muy real y omnipresente que surge de las creencias culturales sobre las mujeres, y es en lo que me voy a enfocar principalmente aquí.

¿Qué es el abuso?

El abuso se trata, primero y ante todo, sobre el derecho y el control. El abuso emocional es el uso sistemático de amenazas y la degradación selectiva de autoestima con el fin de obtener y mantener el control. El objetivo en un intercambio abusivo es el intercambio de poder. Para ponerlo de otra forma, el abuso es la degradación de los límites con el fin de anular el consentimiento. Lo más importante es que el comportamiento abusivo surge de las creencias, no de los sentimientos, lo que es una razón por la cual las personas que son abusivas se resisten a la rehabilitación. Creo que es una distinción muy importante, porque las personas que se involucra en conductas abusivas pueden ser amable, cariñosa y gentil, y puede ser dichoso y maravilloso tenerlas alrededor. No son abusivas porque son malas. Son abusivas ya que el abuso tiene sentido y se sienten justificadas a hacerlo.

Patricia Evans, autora de El abuso verbal describe dos modelos en las relaciones interpersonales: el “poder personal” y el “poder sobre”. El poder personal se muestra como una mutualidad y co-creación, mientras que el poder sobre se muestra como control y dominancia. Además, ella dice que “El abuso verbal, por su propia naturaleza, socava y rebaja las percepciones de la víctima…” En una relación verbalmente abusiva, la pareja aprende a tolerar el abuso sin darse cuenta y pierde su autoestima sin darse cuenta. La persona es culpada por el abusador y se convierte en el chivo expiatorio. Entonces la pareja se transforma en la víctima.”

Bancroft dice que “La ira y el conflicto no son el problema; estos son aspectos normales de la vida. El abuso no surge de la incapacidad de la gente de resolver conflictos, si no de la decisión de una persona de demandar un estatus más alto que la otra.”

¿Mi pareja es abusiva? No hay mejor momento que el presente para empezar a confiar en tus propias percepciones. (De ¿Por qué él hace esto?)

  • ¿Le tenés miedo?
  • ¿Te estás distanciando de amigos y familiares porque él hace que esas relaciones sean difíciles?
  • ¿Tu nivel de energía y motivación está disminuyendo, o sentís que tenés depresión?
  • ¿Tu opinión sobre vos misma se encuentra disminuyendo y encontrás que siempre estás peleando para ser lo suficientemente buena para demostrar lo que valés?
  • ¿Estás constantemente preocupada por tu relación y en cómo arreglarla?
  • ¿Sentís que no podés hacer nada bien?
  • ¿Sentís que los problemas en tu relación son siempre tu culpa?
  • ¿Constantemente terminás las discusiones con la sensación de que te dejaron hecha un desastre y no sabés exactamente por qué?

Estas no son cosas normales y saludables que deberías estar experimentando en una relación. Sin embargo, es muy difícil reconocer el abuso porque nunca se ve como pensamos que es. Bancroft dice, “Un abusador es un ser humano, no un monstruo maligno, pero tiene un problema profundamente complejo y destructivo que no debe ser subestimado.” Y también dice que, “El comportamiento de un abusador es principalmente consciente, actúa deliberadamente en lugar de por accidente o por perder el control de sí mismo, pero el pensamiento subyacente que impulsa su comportamiento, en gran parte, no es consciente.”

¿Qué es esto del pensamiento subyacente? Bueno, está en todo lo que te rodea. Es la base de la cultura de la violación. Es la creencia fundamental de que las mujeres no tienen derecho a tener su propio poder personal. Es la creencia fundamental de que ellas pueden retener el poder sobre sus cuerpos, mentes y elecciones, siempre y cuando nosotros estemos de acuerdo con esas decisiones. Es la forma en la que castigamos a las mujeres si sentimos que se pasaron de la raya. Es la forma en la que siempre preguntamos sospechosamente “¿qué obtiene ella de esto?” cuando una mujer reporta un abuso, acoso o asalto. Es el rechazo reflexivo de la ira de la mujer como irracional, y el dolor de la mujer como imaginario. Es la forma en la que nosotros, todos nosotros, hombres y mujeres compramos esta creencia de que tenemos derecho sobre los cuerpos, pensamiento y decisiones de las mujeres. En el poliamor, esta creencia hace que sea fácil tratar a nuestras parejas como cosas y no como personas.

Pero más que nada, muchas de nuestras creencias fundamentales en las relaciones crean un suelo fértil para el abuso. El objetivo del matrimonio frecuentemente es la longevidad a cualquier precio, y se presume que hay una propiedad mutua no sólo en la intimidad, si no también en cuanto a las elecciones, sentimientos y pensamientos de nuestra pareja. E incluso cuando tomamos cuidados para construir nuestros compromisos fuera de estas presunciones, aún así frecuentemente cargamos con un fuerte sentido de propiedad en las relaciones íntimas. En resumen, las relaciones íntimas por defecto tienden a tener el modelo del poder sobre, y la relación termina convirtiéndose en una lucha por ese poder.

¿Por qué es importante reconocer el abuso?

  1. Te da una razón tangible para abandonar la relación. Muchas veces, reconocer el comportamiento abusivo no va a ser suficiente, pero es un buen primer paso. También tenés que reconocer que no va a detenerse, y que la persona que te ama y la persona que hace que te sientas como un pedazo de basura son la misma persona.
  2. Cambia tus responsabilidades cuando abandonás una relación. Citando a la gran Captain Awkward: “Tus obligaciones hacia otra persona terminan en el segundo en el que te hacen daño o te amenazan o te controlan.”
  3. Te da un marco para reconocer y evitar el abuso en el futuro.
  4. Te da un contexto para entender por lo que estás pasando mientras te recuperás. Hay buenas rupturas y malas rupturas. Pero abandonar una situación que se volvió abusiva es otra cosa totalmente diferente, y vas a necesitar ayuda para lidiar con lo que viene después.

No todo lo que duele es abuso

Si estás siendo abusada, hay una gran probabilidad de que te acusen de ser abusiva o de que seas quien causa el abuso. Eso es porque esa acusación es devastadoramente efectiva para apagarte y obtener control en una disputa. Sin embargo, también creo que esta acusación frecuentemente es sincera. La gente a menudo se involucran en comportamientos abusivos porque se sienten profundamente impotente antes y esa impotencia duele. Pero no todo lo que duele en una relación es abuso, y no todo lo que le duele a tu pareja es tu responsabilidad. Es importante ser capaz de distinguir entre abuso de otras cosas que pueden ocurrir en las relaciones que son dolorosas, o que incluso pueden ser tóxicas o enfermizas, pero que no tienen que ver fundamentalmente con el derecho y el control.

Aquí hay algunos comportamientos que no son necesariamente abusivos en las relaciones adultas (aunque pueden ser buenas motivaciones para dejar una relación.)

  • Ser negligente.
  • Alejarse
  • Estar enojado / estar molesto
  • Sentir despecio
  • Abandonar
  • Ser controlador

El comportamiento controlador que podés llegar a resistir puede ser profundamente irritante, una relación negligente que podés abandonar puede ser desgarradora, una relación llena de conflicto e ira puede ser agotadora y dolorosa, pero una relaciónabusiva va a dejarte débil, perdida y desconectada de vos misma.

El propósito del abuso es correr la habilidad de una persona de tomar decisiones por sí mismas. El abusador se siente justificado de tomar acciones proactivas y punitivas porque siente que tiene un derecho fundamental sobre las decisiones de su pareja. El abuso está separado de otros problemas de la relación. Esos problemas no causan el abuso, y siempre que haya abuso en la relación, el abuso es el problema más grande.

Las herramientas del abuso incluyen:

  • Amenazas que pueden incluir amenazas contra vos, o contra sí mismos. No puede vivir sin vos, voy a quedar destruido si te vas, me haces tanto daño que quiero suicidarme. Esto crea un ambiente de miedo.
  • Gaslighting (abuso psicológico), que tiene el objetivo de hacer que la víctima dude de su propia memoria, percepción y sanidad.
  • Ataques al autoestima, que pueden incluir no sólo ataques a la imagen de sí mismo, si no también ataques a la autoeficacia, lo que es tu propia confianza en tu habilidad para evaluar situaciones, tomar decisiones y manejar las cosas por tu cuenta.

Poner toda la responsabilidad en el compañero abusado, en otras palabras, la culpa, la obligación y la vergüenza.

Recordá que cuando tu pareja se siente herida por decisiones que estás tomando sobre tu vida, no estás siendo abusivo. Mientras vas tomando control de tu vida, probablemente se intensifiquen tanto el abuso como las acusaciones de abuso. El abuso es sobre poder y control, y aunque tu pareja pueda sentir que estás tomando algo que le pertenece, tu vida es y siempre va a ser tuya.

¿Por qué las relaciones poliamorosas a veces son particularmente susceptibles al abuso?

Control y derecho escondidos a plena vista

Una de cada cuatro mujeres van a experimentar violencia doméstica, y eso no tiene en cuenta las relaciones en las que sólo hay abuso emocional. Algo está mal en nuestras presunciones sobre las relaciones. Es importante dar un paso atrás antes de hablar sobre relaciones poliamorosas, y reconocer que hay formas saludables y enfermas de tener relaciones monogámicas. Mientras que fundamentalmente las relaciones monógamas tienen la expectativa de fidelidad sexual, en una relación monógama saludable ambos miembros van a ver esto como una elección constante que cada persona hace, no como un derecho. Un acuerdo saludable mutuo sobre monogamia sexual no es un intercambio de poder, y no debe ser visto como una renuncia del control sobre la autonomía personal. Un acuerdo saludable de matrimonio no debería ser visto como una anulación de la elección básica de cada persona de estar o no estar en la relación. Cuando nos pasamos de la raya en la relación, y empezamos a ver a nuestras parejas como si nos pertenecieran, estamos creando una relación en la que el abuso comienza a tener sentido.

Creencia tóxica #0: Estar en una relación íntima me da derecho a controlar a mi pareja.

Trampa poli #1: La culpa poli

Si empezás con una relación monogámica con un sentido enfermo de propiedad, y entonces transicionás tu relación al poliamor sin cambiar ese derecho, podés terminar con estructuras de control muy obvias que, bajo cualquier circunstancia, aparecen de forma tóxica y enferma, pero que a causa de la culpa poli, son completamente invisibles.

¿Qué es la culpa poli? La culpa poli viene de la creencia de que estamos dañando fundamentalmente a nuestras parejas por ser polis. De que les estamos sacando algo que les pertenece. La culpa poli viene de la creencia de que somos egoístas cuando disfrutamos de nuestras otras relaciones. Por lo tanto, estamos de acuerdo en elaborar sistemas de control como una penitencia por esa culpa. Pero examinemos esto de manera crítica. Si, en una relación monogámica una persona establece un toque de queda para la otra, espera autoridad sobre cómo puede y no puede pasar su tiempo, y le dice lo que puede o no puede sentir, ¿consideraríamos que esto es saludable? Además, si una pareja usa el miedo, la obligación y la culpa para reforzar este control y coercionar el comportamiento que desean, ¿diríamos que esta es una relación de respeto y mutuamente nutritiva?

Si una amistad monógama estuviera teniendo esta experiencia, estuviera luchando y fuera infeliz culpándose a sí misma, podríamos encaminarla suavemente hacia algunos recursos para ayudarla a reclamar su autonomía y poder en la relación odejarla.

Pero, ¿cuando pasa en el poliamor? Grillos. Estamos trabajando tan duro para demostrarle al mundo y a nosotros mismos que no somos egoístas y que podemos hacer esto sin lastimar a nuestras parejas, que renunciamos a nuestro poder personal y al respeto propio que no cederíamos en ninguna otra circunstancia.

Creencia tóxica #1: Estoy dañando fundamentalmente a mis parejas por ser poli.

Trampa poli #2: La priorización del miedo

Nuestros cerebros están optimizados para buscar el placer y evadir la amenaza. No hay nada malo en intentar evadir las cosas que creemos que nos lastiman. Sin embargo, la mayoría de la gente también estaría de acuerdo con que no podés ponerle un arma en la cabeza a otra persona para evitar las cosas a las que le tenés miedo, sin importar que tan incómodas sean las consecuencias. A veces tenemos que enfrentar aquello a lo que tememos porque todas las otras opciones requieren tomar acciones que consideramos que están mal. Así que cuando nos hacemos daño entre nosotros a causa del miedo, tenemos que reconocer que no es el miedo lo que fue problemático. Todos tenemos miedo. El problema es la creencia que mencioné, “bueno, quizás puedo poner un arma en tu cabeza.”

La priorización del miedo surge cuando reemplazamos una relación de apoyo mutuo y co-creación por una de protección parental. La priorización del miedo requiere de la creencia tóxica #0 y usualmente hace una parada en la creencia tóxica #1. Una relación que es rehén del miedo es una donde todo, la relación, el estado mental de los participantes, el futuro, todo gira alrededor de la evasión de algo. Todas las relaciones que se forman encima de esa evasión se forman bajo la premisa de que el miedo es más importante que todo lo demás. Pero sólo porque aceptaste que nunca vas a abrir la caja, eso no significa que la caja no está ahí, dándole información a la salud y la estabilidad de toda relación que la toca.

Creencia tóxica #2: Debería proteger a mi pareja de todo lo que le da miedo / mi pareja debería protegerme de todo lo que me da miedo.

Trampa poli #3: No estás herido

En toda relación van a haber diferencias entre lo que necesitamos y lo que nuestra pareja puede dar. Van a haber diferencias en cómo nuestras parejas expresan amor comparado a cómo es la mejor forma en la que recibimos amor. Esto es parte del trabajo de en un relación. Debemos trabajar para entendernos, para extendernos o cuidar de nosotros mismos, y para encontrar y expresar nuestros límites. Este es un trabajo que vamos a tener que hacer en todas las relaciones, pero en el poliamor, estas diferencias entre lo que necesitamos y lo que nuestras parejas pueden dar pueden oscilar entre extremos.

El rango amplio y dinámico de posibilidades en las relaciones poliamorosas en términos de “necesidades” y “ofrendas”  hace que las relaciones poliamorosas sean más vulnerables a la negligencia de parte de una o ambas partes. En la comunidad poli parece que tenemos miedo de admitir que nuestras decisiones con respecto a las relación a veces puede lastimar a nuestras parejas. Que quizás no podemos estar ahí para nuestras parejas en la forma en la que lo necesitan o de la forma en la que queremos estar. Que a veces cuando empezamos a tener nuevas relaciones, las relaciones existentes se vuelven insostenibles. Antes dije que no creo que la negligencia sea abuso. No somos niños. No podemos pedirle a nuestras parejas que asuman la responsabilidad de un padre. Sin embargo, tampoco tenemos que hacerle negar a una pareja que se siente adolorida. La persona que está consiguiendo satisfacer sus necesidades no está en una posición de decirle lo que debe sentir a la persona que no puede contar regularmente con tener a una pareja disponible. De hecho, nadie está en una posición de decirle a alguien más lo que están sintiendo y experimentando. Nadie más puede decirle a alguien lo que realmente necesita, o que tipo de “trabajo propio” necesitan hacer para llegar hasta allí. Es tentador decirle a una pareja lo que deberían estar sintiendo cuando te das cuenta de que sus sentimientos podrían alejarla de vos. Es tentador querer sacárselo de encima cuando te das cuenta de que podrían estar lastimados a causa de tus decisiones.

Esta creencia bien intencionada, la de que podemos arreglar cualquier cosa, que todo puede funcionar, que no vamos a lastimar a nuestras parejas, que nuestras relaciones no van a cambiar, esta creencia puede llevar al abuso cuando intentamos controlar las experiencias de nuestras parejas para lograr que eso se haga realidad. En su lugar, creé que tu pareja es una persona completa, creé que el libre albedrío y el bienestar de cada persona es más importante que la relación. Creé y respetá que las decisiones de cada persona de estar en esa relación de esa forma es lo correcto para ellos.

Creencia tóxica #3: Puedo arreglar cualquier cosa, todo puede funcionar.

Trampa poli #4: Control externo

Tuve dos experiencias poli intensamente dolorosas. La primera estaba definida por una jerarquía rígida y la segunda era una familia poli, con la intención externa de igualdad. Pensé que había comprendido lo que había hecho a esa primer relación tan dolorosa, y pensé que estaba evitando la trampa cuando tomé diferentes desiciones años después. Pero ambas tenían una cosa en común. El control externo.

A veces el control externo es muy obvio, por ejemplo “Mi relación con mi esposa es más importante que cualquier otra cosa, y si me dice que te vayas, te vas.” Sin embargo, en mi experiencia, en realidad es más perjudicial cuando es sutil.

“¡Realmente le gustás a mi otra pareja! Eso significa que podemos pasar más tiempo juntos. ¡Buen trabajo!”

“Tenemos que tener sexo grupal para construir intimidad grupal. ¿No querés tener intimidad con el grupo?”

“A veces tomo malas decisiones, así que confío más en la opinión de mis cónyuges de lo que confío en la mía.”

“Pero no te preocupes, ¡le gustás a todos! Sos mucho mejor que otras personas. Vos realmente importás.”

“No es como si alguien tuviera derecho a veto. Sólo que es muy importante que a todos les gusten todos los demás.”

¿Escuchás la amenaza? Escuchá con cuidado para que entiendas lo que sentís cuando esa aprobación empieza a desvanecerse.

En lugar de agradecer la magnanimidad de alguien que tiene el poder de aprobar tus relaciones, primero tomate un momento para reconocer si tu relación no está siendo controlada por las personas en ella. La trampa acá es que mi vulnerabilidad le corresponde a mi relación, pero mi riesgo le corresponde a factores fuera de la relación, que puden generar el sentimiento de ser una rehén. ¿Personalmente? No es posible para mí sentirme segura bajo esas circunstancias, sin importar cuantas veces me digan que debería hacerlo.

Trampa poli #4: La igualdad no es realmente igualitaria.

Hablemos de que tan impresionante es el privilegio cuestionado. El privilegiocuestionado resplandece una luz sobre las estructuras de poder, te convierte en un defensor en lugar de en un adversario, y te da la suficiente conciencia para escuchar las experiencias de otros y transportar el conocimiento de esas experiencias a tu vida. El privilegio que no es cuestionado, o incluso peor, el privilegio defensivo, hace un daño increíble a las personas que te rodean.

Una de las cosas más peligrosas sobre el privilegio en las relaciones poli es la insistencia en que no existe.

Signos de que las cosas no son realmente igualitarias:

  • El encuadre: Los cambios hacia la igualdad son encuadrados como un castigo o un sacrificio de parte de la(s) pareja(s) existente(s), mientras que la pareja nueva se ve sospechosamente como si tuviera un privilegio especial y un poder desproporcionado.
  • El hogar: La propiedad del hogar (no necesariamente es la misma propiedad que la de la casa) claramente no es igual. ¿Quién toma las decisiones sobre el uso del espacio? ¿Quién toma las decisiones sobre los cambios? ¿Quién se va si las cosas no funcionan?
  • El hospital: ¿Qué pasa si mi pareja se enferma? ¿Qué pasa cuando yo me enfermo? ¿Cómo se presenta cada persona al personal del hospital?
  • El futuro: ¿Cómo se toman las decisiones acerca del futuro? ¿Las opiniones de algunas personas tienen más peso?

La conclusión que no deberías sacar de esto es que todas las relaciones deben ser construidas enteramente iguales. Está bien construir relaciones que no funcionan de la misma forma, siempre y cuando todos tengan el poder de construir una vida que funcione para ellos. La trampa acá es la negación.

Estoy abogando por la disposición a reconocer de qué formas las cosas no son iguales, y las formas en las que algunas relaciones quedan impotentes. No se trata de hacer acusaciones, sino de escuchar la experiencia de tu pareja en lugar de insistir en que no es real. Dale el espacio a tus parejas para sentir que no están seguras cuando honestamente no lo están.

Creencia tóxica #4: La relación es lo que yo digo que es.

Trampa poli #4: El grupo, el grupo, el grupo.

Puedo decirles por qué terminé sentada en el auto, intentando calcular la velocidad apropiada para golpear una pared. No fue la carta que él me envió en donde resaltaba mis fallos, donde me llamó por primera vez abusadora. Parece que debería haber sido el e-mail, pero no lo fue. Fue por un e-mail muy corto de su esposa. “No veo ninguna evidencia de que él te importe.” Si pienso en eso ahora, aún así es tierno. Me importaba muchísimo. Me forzaba a mí misma a dormir en su cama cuando empezó a asustarme porque no lastimarlo era más importante para mí que sentirme segura. Me postré y disculpé por cosas por las que no debería haberme disculpado, porque que él se sintiera mejor era más importante que retener mi propia experiencia. Me importaba hasta el punto en que me castigaba y me odiaba a mí misma. Que me importara no era el problema.

Y ella había estado ahí para mí tantas veces cuando el dolor atormentaba todo mi cuerpo cuando él se alejaba y me evadía. Cuando él cuestionaba mi sanidad y yo me desmoronaba. “Perdí la fuerza para discutir”, decía, “¿Cómo pasó eso? Solía ser fuerte.” Y ella acariciaría mi pelo. “Te merecés tener las cosas que necesitás”, me diría ella. Y yo lloraría. Ella era tan amable conmigo. Ella era justa conmigo, lo mejor que podía. Teníamos intimidad real hasta que las cosas empezaron a deshacerse.

“No veo ninguna evidencia de que él te importe.”

Así que cuando ella decidió que las percepciones de él sobre mí eran las correctas, fue un punto de inflexión, y sus percepciones sobre mí simplemente ganaron.

Como una comunidad, me gustaría hablar sobre la psicología de los grupos íntimos. Porque algo me sucedió que fue devastador para mi sentido de mí misma, que me dejó hueca y avergonzada y atemorizada. Algo me sucedió que creo que no hubiera sucedido en una relación de uno en uno. Y mi experiencia importa.

Luché, durante mucho tiempo, para descubrir por qué sus palabras (y las palabras de otras personas en el grupo cuando empezaron a caer los dominós) me habían importado tanto. No lo comprendí hasta que empecé a investigar sobre el poder de la alienación social y la vergüenza. Para mí, el poder de la desaprobación grupal fue mucho más grande que cualquier cosa que haya experimentado. Mientras me alienaba del grupo, me volví más temerosa, desesperada y más llena de odio a mí misma. Mi experiencia no es única.

Mirando hacia atrás, veo que los siguientes deberían haber sido signos de advertencia:

  • La calidad de mi relación con mi pareja dependía de la aprobación del resto del grupo.
  • Alejarse del grupo era visto como si no “lo estuviera intentando”, resultando en una aprobación reducida.
  • La igualdad no era realmente igualitaria. Había un doble estándar hacia el comportamiento y un doble estándar en la interpretación del comportamiento.
  • La pérdida de la relación se extendió al hogar, la red social y la red de apoyo.
  • El grupo o parte del grupo típicamente se unía en contra de una persona en lugar de dejar que cada relación se desarrollara.
  • No había un buen mecanismo para poner límites.

Ahora creo que las dinámicas de grupo saludables:

  • Apoyan la independencia individual y las separaciones sanas.
  • No crean relaciones que dependan de otras relaciones.
  • Mantienen relaciones de apoyo individuales fuera del grupo.
  • No vinculan nada (la aprobación grupal, la inclusión grupal, la sustentabilidad de la relación) al sexo grupal.

Abandonar al grupo fue lo que finalmente me permitió reconocer el abuso que estaba sucediendo en mi relación e irme. Tuve que dejar de ser parte de algo, una comunidad, una familia. Tuve que dejar al círculo social del que había sido parte como parte del grupo. Tuve que abandonar mi hogar. Tuve que perder algunos amigos de hace mucho tiempo. La amenaza era real, y grande, y enfrentarla significaba aceptar una gran cantidad de aislamiento y juicios.

Una de las habilidades más importantes que desarrollé es la habilidad de abandonar una relación.  Tenés que ser capaz de irte y tu pareja tiene que ser capaz de irse para que la relación sea consensual. Si tu relación erosiona esa capacidad, creo que lo mejor que podés hacer por vos mismo es reconstruir la fuerza que necesitás para ser capaz de irte. Que te vayas o no siempre es tu elección, porque en realidad todo esto se trata de tu decisión.

La respuesta de la comunidad al abuso

El mito de la neutralidad

En Trauma y Recuperación, Judith Herman explica que la “neutralidad” sirve a los intereses del perpetrador mucho más que los de la víctima y, por lo tanto, no es neutral. Como lo explica Bancroft, “En realidad, mantenerse neutral es confabularse con el hombre abusivo, sin importar cuál sea tu objetivo. Si estás consciente del maltrato crónico y severo y no hablás en contra de él, tu silencio comunica implícitamente que no ves que esté sucediendo nada inaceptable. Los abusadores interpretan este silencio como aprobación, o por lo menos como un perdón. Para la mujer abusada, mientras tanto, el silencio significa que nadie va a ayudarla…” Sin embargo, luego dice que “Romper el silencio no necesariamente significa criticar o confrontar al abusador con respecto a su comportamiento. Ciertamente no significa que le digas lo que ella te dijo, porque el abusador va a tomar represalias en contra de ella por hablar sobre su comportamiento con otras personas. Significa decirle en privado a la mujer abusada que no te gusta la forma en la que él la está tratando y que ella no lo merece, sin importar lo que haya hecho. Y si ves o escuchás violencia o amenazas, significa llamar a la policía.”

Mis amigos que estaban dispuestos a llamarlo abuso, a decirme que me merecía algo mejor, y que necesitaba irme, fueron invaluables para mí cuando no podía ver lo que estaba sucediendo. Sin embargo, ellos no forzaron el tema, y me fui en mis propios tiempos y por mi propia voluntad.

Además, los amigos que estaban dispuestos a ponerse de pie y ayudarme a protegerme de la comunicación tóxica después de la separación me ayudaron a reforzar mi fortaleza y a entender que tenía el derecho a poner límites. El apoyo a la autodeterminación de la víctima es más importante que nada.

“El abuso es el producto de una mentalidad que se excusa y tolera la intimidación y la explotación, que promueve la superioridad y la falta de respeto, y que le arroja la responsabilidad a los oprimidos. Todos los esfuerzos por terminar con los abusos hacia las mujeres, en última instancia, tienen que responder esta pregunta: ¿Cómo podemos cambiar los valores sociales para que se respete el derecho de las mujeres a vivir sus vidas libre de insultos, invasión, impotencia e intimidación?”

— Lundy Bancroft

Fuente:https://medium.com/@sheaemmafett/abuse-in-polyamorous-relationships-d13e396c8f85

Traducción:Luna B, Navimuse, Juan Pablo Dorto