Amor Propio, Relaciones Sanas y Abuso

La privacidad en el poliamor

Uno de las frases más comunes en la comunidad poli es “Las tres reglas del poliamorson comunicarse, comunicarse y comunicarse.” La comunicación es el alma de cualquier relación saludable, por eso tenemos no uno sino dos capítulos sobre comunicación en el libro More Than Two.

Sin embargo, hay un lugar en el que el énfasis en la comunicación puede guiarnos por un camino oscuro y eso sucede cuando confundimos la privacidad básica con la mala comunicación.

Una de las preguntas que escucho frecuentemente en las conversaciones sobre poliamor es “¿Cuánto de otra de mis relaciones tengo permitido mantener en privado en una relación?”. Las respuestas varían muchísimo, pero usualmente hay dos grupos principales: los que dicen “compartimos absolutamente todo el uno con el otro” (donde “el uno con el otro” usualmente significa una pareja dentro de una red poli, aunque la misma forma de compartir raramente se extiende a todos en la relación) y los que dicen “lo que sucede en una relación es privado a menos que exista una necesidad de saberlo en otra relación”. En cada grupo encontrarán puntos de vista muy extremos, desde el “comparto cada mensaje de texto y email con mi pareja” (un enfoque que se encuentra más comúnmente en el poliamor jerárquicocon la estructura de pareja primaria/secundaria) hasta el “Nunca le digo a una pareja nada sobre mis otros/as compañeros/as.”

Encontrar un camino a través de este laberinto significa entender lo que es la privacidad, y cómo mantener la privacidad difiere de ocultar la verdad.

Si leen libros o sitios web sobre abuso y violencia doméstica, llega un mensaje contundente: la falta de respeto hacia la privacidad de una persona es uno de los primeros y más comunes signos de abuso. Demandar saber todo sobre lo que una persona está haciendo muestra una falta de confianza. Sentirse con derecho a acceder al espacio de otra persona es la base de casi todas las formas de abuso.

La privacidad es un derecho humano básico. La gente involucrada en el poliamor frecuentemente habla sobre consentimiento pero, a veces, se olvida de que el consentimiento es mucho más que elegir cuándo y con quién tener sexo. El consentimiento también es sobre el acceso a cualquier parte de tu ser: tu cuerpo, tu mente, tus emociones, tu espacio. En el derecho a la privacidad es fundamental el derecho de controlar a quién le das permiso para tener acceso a tus lugares más vulnerables.

Esto puede crear algunos problemas complicados en el poliamor, porque cuando nos sentimos inseguros o amenazados, puede ser fácil querer saber todo sobre lo que una pareja está haciendo, diciendo, pensando y sintiendo. Después de todo, la inseguridad engendra sospechas.

Desafortunadamente,  cuando demandamos acceso a los detalles de las otras relaciones de una pareja, estamos demandando acceso no sólo a la mente y las emociones de ella, si no también a la mente y emociones de su otra pareja. La gente le revela cosas a sus amantes, vulnerabilidades, sentimientos, traumas del pasado o vergüenzas, que pueden elegir no revelar a todos. Todos tenemos el derecho a esperar que algunas cosas que compartimos con un amante no circulen. Escuché frecuentemente a personas que se sienten atemorizadas, inseguras o amenazadas usar la carta de “¿Qué estás escondiendo?” cuando se trata de privacidad. “¡Deberíamos compartir todo!” escuché. “¿Por qué ocultarías cosas sobre tu otra relación? ¡Esto significa que no puedo confiar en vos!”

En More Than Two sostenemos que todas las relaciones saludables  tienen una expectativa razonable de privacidad. No puede haber intimidad sin compartir, y hay límites para lo que podés compartir si tenés miedo de que las cosas que compartís sean contadas a otras personas sin tu consentimiento.

Esto puede incluir actos sexuales; no todos son exhibicionistas, y muchas personas no aprecian que sus gustos sexuales sean expuestos o descritos a terceros. Puede incluir detalles privados de experiencias pasadas. Puede incluir miedos y dudas.

Una de las cosas más difíciles para nosotros los seres humanos es aprender que las otras personas son reales. Parte de entender que las otras personas son reales significa entender que otras personas pueden elegir compartir cosas con una pareja que pueden elegir no compartir con nosotros, y esto está bien. No significa que alguien está siendo engañoso, deshonesto o furtivo. Simplemente significa que todos tenemos el derecho a mantener límites sobre quién tiene acceso a nuestro ser más profundo.

He hablado con gente que dice que no hay absolutamente nada que suceda en otra relación que no compartan con su pareja, cada correo electrónico es leído, cada conversación repetida, cada acto sexual es compartido. Creo que este enfoque presenta cuestiones preocupantes y desalienta la intimidad. Significa que cualquier cosa que una persona no quiera compartir con su metamour no puede ser compartida con su amante.

Por otro lado, el derecho a la privacidad no es un derecho al secreto. Hay cosas que pueden y deberían ser compartidas con todas las personas involucradas en la red de relaciones. Esas cosas incluyen hechos que pueden afectar materialmente a una tercera persona, o que puedan prevenir que una tercera persona pueda darle a la relación su consentimiento informado. ¿Qué clase de cosas pueden ser esas? Un ejemplo es cualquier cosa que afecte el perfil de riesgo de ETS de la persona.

Es difícil establecer una lista de cosas que pueden y no pueden ser tratadas como cuestiones de privacidad, porque la vida es complicada. Pero noté un patrón en las personas que, en mi opinión, abusan del derecho a privacidad bajo el disfraz de desear transparencia. Algunas preguntas que pueden ayudar a clasificar si el derecho a privacidad está siendo infringido o no incluyen:

¿Estoy pidiéndole a mi pareja, o a la pareja de mi pareja, que divulgue información que yo sería reluctante a compartir en la misma circunstancia?

¿Cómo me afecta realmente la información que estoy pidiendo? ¿Afecta mi vida de una manera cuantificable o simplemente me incomoda si no lo sé?

¿Estoy haciendo que sea seguro para que la otra pareja de mi pareja sea abierta y vulnerable con mi pareja?

¿El flujo de información va hacia un solo lado?

¿Confío en mis parejas? ¿Tengo razones claras convincentes para creer que está sucediendo algo turbio o estoy sustituyendo el trabajar en mis propias inseguridades con una necesidad de divulgación absoluta?

Cuando te encontrás en un desierto sin caminos y no estás seguro hacia qué dirección moverte, usualmente podés encontrar tu camino orientándote con el compás ético del que hablamos en el libro. ¿Cuáles elecciones lo mueven hacia la dirección del mayor coraje? ¿Qué es lo más compasivo que se puede hacer? ¿Qué demuestra mayor respeto hacia las personas que te rodean?

En mi propia experiencia, encontré que si decís que todo es abierto y que vas a contar lo que sea que tu pareja diga, escriba, envíe por texto, o haga, no podés esperar que las personas se abran a vos. Van a estar conscientes de que compartir con vos viene con un precio extra: compartir con personas con quienes no elijan compartirlo, de formas que pueden no ser capaces de controlar. Si querés el tipo de relación en la cual las personas están dispuesta a compartir sus mayores vulnerabilidades y su ser más profundo, está en vos respetar su privacidad.

Fuente:https://www.morethantwo.com/privacy-in-polyamory

Traducción:Luna B, Lisandro Berenguer