Orientaciones y Formas de relacionarse

No estamos rotos: sobre a/demi/gris-sexualidad

Por Acid / 05/03/15

Desconozco a qué edad comencé a tener la necesidad de definir mi sexualidad. Creo que ocurrió en mi temprana adolescencia, cuando mis amigos comenzaron a buscar la interacción con el otro sexo y yo me vi arrastrado por esa tendencia. Arrastrado, esa es la palabra precisa. Algo que mi biología jamás me había pedido, algo que mi cuerpo nunca me había comunicado, necesitaba ahora ser definido por una presión externa. Mientras todos mis compañeros se encontraban imposibilitados de pensar en algo que no tenga que ver con su entrepierna, yo jamás pude sentir la necesidad de besar otra persona, ni de explorar mi sexualidad, de conectarme corporalmente con otros. En el fondo sabía que nada de todo eso era para mí, pero me forzaba a hacerlo. Sentía que estaba roto, como si fuese una máquina, algo en mí no estaba operando correctamente. Es increíble que nadie te enseñe que no tenés la obligación de formar parte de algo, y que podés mantenerte al margen de toda dicotomía. Pero estar al margen es también estar marginado.

Toda identidad siempre conlleva una serie de valores que son innegociables y obligatorios para quienes quieran formar parte del “club”, a la vez que dividen a las personas en dos grupos mutuamente excluyentes. Y el problema con ello es que también dejan de lado a quienes no se conforman con ninguno de esos dos bandos. Viví toda mi adolescencia, toda, buscando mi lugar en esas definiciones que otros me ofrecían. Busqué algo mío en espacios ajenos. Y, para peor, nadie jamás cuestionaba esas definiciones y  todos creían encajar en ellas perfectamente (como si hubiese un talle único para toda la ropa, y todos afirmaran que les queda perfecta).

Me confundía también que el amor y el sexo fuesen una misma cosa para la gente, inseparables, inexplorables en sí mismas, mientras para mí ambas cosas no tenían necesariamente una relación. El discurso que corre por detrás de esto es, en alguna medida, que sexo y amor tienen algún vínculo implícito. Pareciera ser que no se puede tener amor romántico sin sexo, pero sí sexo sin amor; esto deriva en una clasificación sumamente rígida de las relaciones humanas (amistad, pareja, conocidos, amantes, etc., a veces encadenadas a lo a veces se denomina “escalera mecánica de las relaciones”) que puede no adaptarse a lo que las personas realmente quisieran hacer juntos. ¿Qué son dos personas que se demuestran físicamente afecto, tienen sexo regularmente, pero no se aman? Es una pregunta que no tiene una respuesta muy nítida, pero que ciertamente existe y es posible. Entre todas las identidades que hoy existen siempre hay otras esperando ser exploradas. Las posibilidades son infinitas, y hay que encontrar la que mejor nos haga sentir.

Pasaron muchos años y también muchos libros en mi vida. El tiempo y la lectura me llevaron a conocer a gente maravillosa que me acercó a nuevos enfoques a mi “problema”: me aceptaron como era, me apoyaron para que explore lo que mejor hacía a mi vida, lo que se sentía más genuino. Y, lo que es más importante, me brindaron herramientas para construirme como deseaba. El primer hito en esta búsqueda fue toparme con testimonios de personas completamente asexuales que viven su vida de manera plena e íntegra; que son felices y no dependen de este aspecto para sentirse completamente realizados. Esa identidad me sirvió durante un tiempo, pero todavía me faltaba una vuelta de tuerca para encontrarme, ya que algunas personas o situaciones sí me generaban ese deseo físico.

La segunda identidad que me sirvió en esta búsqueda fue la demisexualidad. Un demisexual solo puede sentir atracción sexual cuando establece un vínculo afectivo con otra persona. Durante bastante tiempo esa definición me sirvió mucho, hasta que me topé con otra aún más cercana a lo que sentía. Lagrisexualidad fue luego una definición que me sirvió para describirme fielmente.Ser grisexual implica no creer en la sexualidad y la asexualidad como algo binario, como un blanco / negro, un todo o nada. La grisexualidad abarca todo el espectro de personas que no sienten un deseo constante y predecible, o que tienen condiciones muy específicas bajo las cuales lo sienten. Y es allí donde me sentí más cómodo hasta el momento. Siento deseo con ciertas personas de manera muy fluctuante, y generalmente luego de un buen tiempo de conocerles. También puede suceder que no sienta deseo por esa persona, pero que quiera pasar más tiempo juntos.

Estas experiencias que provinieron de la exploración de la asexualidad me llevaron a entender también una de las grandes fallas de la educación sexual: se nos habla del deseo sexual como algo obligatorio, “alguien te tiene que gustar y, además, debésquerer tener sexo con esa persona”. La obligatoriedad del sexo es nociva porque invisibiliza muchísimas opciones, maneras tan diversas de ser que terminan bajo la alfombra y que dejan de ser opciones viables para las quienes están buscando palabras para definirse. La sexualidad tampoco es algo estático, sino un constante fluir de energías, de ánimos, de tiempos y espacios. Afirmar “yo soy heterosexual” (o cualquier otra cosa) lleva a una búsqueda eterna del “verdadero yo”, de “quien soy en realidad”, una búsqueda que jamás tiene una conclusión ya que las personas cambian constantemente y nadie puede (todavía) predecir el futuro.

Ser demi, gris, o asexual no significa carecer de algo ni funcionar de manera anómala. No estamos rotos. Vivimos de manera plena y genuina lo que sentimos, como cualquier persona.