Orientaciones y Formas de relacionarse

¿Poliamor sin reglas? ¿Eso no es anarquía y caos?

En general no soy fan de las relaciones basadas en reglas, particularmente dentro delpoliamor. He descubierto a través de todas mis relaciones, que tienden a funcionar mejor cuando no están reguladas por un código de regulaciones que haría sonrojarse a un burócrata.

Frecuentemente, cuando digo eso, la gente me mira como si me hubiese brotado una segunda cabeza. “¿Cómo podés tener un relación sin reglas?”, me preguntaron amigos poliamorosos. “O sea, seguro, eso está todo bien si sólo querés anarquía, con gente corriendo por ahí, haciendo lo que quieren sin ningún compromiso, ¡pero no podés construir una relación real de esa forma!”

Lo cual me hace pensar un poco, porque suena mucho a una persona monógama diciéndole a una persona poliamorosa “¿cómo podés tener una relación sin monogamia? O sea, seguro, está todo bien si sólo querés anarquía, con gente corriendo por ahí, acostándose con quien quieran sin ningún compromiso, ¡pero no podés construir una relación real de esa forma!”

Supongo que es algo normal, humano, ver al mundo en términos extremistas: si no hay monogamia, eso quiere decir que hay promiscuidad y relaciones sexuales indiscriminadas; si no hay reglas, eso significa anarquía y caos. Pero ese no es realmente el caso.

¿A qué te referís con que ese no es realmente el caso? Las reglas son el modo en que ponemos nuestros límites. Sin reglas, ¡no hay nada que evite que la gente nos pase por encima!

Tiendo a ver una gran diferencia entre “reglas” y “límites”. Para mí, una regla es algo que una persona le impone a otra. “Te prohíbo tener sexo sin protección con cualquier otra persona” es un ejemplo común. Es una declaración con intento de afirmar el control sobre las acciones de otra persona.

Los límites son aquellos que nos ponemos a nosotros mismos. “Para proteger mi salud sexual, me reservo el derecho de discontinuar las relaciones sexuales con vos si tenés sexo sin protección con cualquier otra persona” es un ejemplo.

Puede que tengan el mismo resultado, pero son muy diferentes en filosofía. Para mí, la diferencia clave está en el lugar del control. Con reglas, estoy asegurando mi control sobre vos. Estoy diciéndote que debes hacer o marcando lo que tenés prohibido hacer. Con los límites, estoy remarcando la forma en que tus acciones me afectan, sin presumir que voy a tomar esas decisiones por vos, y dejándote tomar tu decisión acorde a eso.

Pero sin reglas, ¿Cómo puedo asegurarme de que mi pareja va a hacer lo que necesito que haga para sentir que tengo seguridad?

No podés.

Con o sin reglas, no podés. La gente siempre puede tomar sus propias decisiones. Las reglas, como bien saben todos los que fueron engañados, solo sirven si la persona está dispuesta a seguirlas, lo que significa que las reglas sirven tanto como lo intente la persona a la que se le impusieron.

Si una persona te quiere y te cuida, y quiere hacerte bien, entonces no es necesario decir “te prohíbo hacer esto y aquello” o “quiero que hagas esto y aquello”. Todo lo que realmente necesitas hacer es comunicar lo que vos necesitas que atiendan, y tu pareja va a elegir hacer para cuidarte, sin sentir que que es una obligación hacerlo.

Por otro lado, si tu pareja no te ama ni te cuida, y no quiere hacerte bien… bueno, ninguna regla te va a salvar. Las reglas pueden darte una ilusión de seguridad, pero realmente no te protegerán.

¿Entonces qué? ¿No es suficiente que una regla me haga sentir mejor? ¿Qué hay de malo en eso?

Creo que hay un costo escondido en las reglas, que no se suele discutir en la comunidad poliamorosa: el efecto que esas reglas tienen en otras personas.

A menudo las personas en relaciones poliamorosas -especialmente los que recién empiezan en el poliamor- parecen aceptar la idea de que pase lo que pase, mientras la pareja original sobreviva, la relación está siendo exitosa. Sin importar los efectos que tengan en otras personas que estén involucradas románticamente con uno o ambos miembros de la pareja original. Por eso, las reglas tienden a ser creadas sólo por la pareja original, con poco o ningún decir de nadie más, y más importante, poco o nada de consideración en cómo estas reglas afectan a los demás. El punto de vista de una tercera persona raramente es tomado en cuenta.

Por eso, casi no se reconoce que la regla de que la persona A no puede hacer X acción es una regla que potencialmente prohíbe a una nueva persona C de hacer X acción. Se puede ver esto más fuertemente en las reglas como “te prohíbo que tengas sexo con alguien nuevo en la posición del mono con loto florecido y motosierra, porque esa es mi posición favorita” o “te prohíbo ir a La casa de las almejas Clayton con cualquier otra persona, porque ahí es donde tuvimos nuestra primer cita” o “te prohíbo quedarte a dormir en la casa de otra pareja porque no quiero tener que renunciar a dormir con vos”.

Cada una de estas reglas está creada sin pensar en lo que significa para la tercera persona. ¿Qué pasa si a la nueva persona le gusta la posición del mono con loto florecido y motosierra o el restaurante “La casa de las almejas Clayton”? ¿Por qué la persona nueva siempre tendría que verse forzada a renunciar a dormir con su pareja sólo porque la persona A nunca lo hará?

¡Porque así es como son las cosas! ¿Por qué una nueva persona debería poder pasar por encima de mis necesidades y pisotearme? ¿Por qué una persona nueva no debería respetar mis necesidades?

Ah. Y así llegamos al corazón del asunto.

Las personas adoptan las reglas porque piensan que esas reglas son necesarias para cubrir sus necesidades. Las reglas no se crean al azar; todavía no conocí a nadie que invente reglas tirando los dados o sacando palabras de un sombrero.

Cuando alguien propone una regla, acostumbro a hacerme tres preguntas:

  • ¿Cuál es el propósito de esta regla?
  • ¿La regla sirve para cumplir ese propósito?
  • ¿Ésta regla es la única forma de cumplir ese propósito?

No puedo destacar lo importante que es pensar en estas tres cosas.

En mi experiencia, frecuentemente las personas usan las reglas como formas indirectas y pasivas de intentar que se cumplan sus necesidades. En vez de explicar claramente cuál es la necesidad, por ejemplo, al decir “tengo una necesidad de sentirme especial y saber que me valorás”, pensarán en algo que les haga sentir especiales y valorados, y después inventarán una regla que diga “necesito que hagas esto” o “te prohíbo que hagas esto con otras personas”. Nosotros en la comunidad poliamorosa solemos hablar de “comunicación, comunicación, comunicación”, pero para mí, la comunicación requiere la voluntad de hablar de temas complicados, como las necesidades directas que tenemos, en vez de imponer problemas de segundo orden como “prohibirte que hagas esto es importante para mí.”

Tomemos el ejemplo no hipotético de una regla que he visto poner a algunos colegas poliamorosos: “Te prohíbo llevar a cualquier cita a ‘La casa de las almejas Clayton’” y veamosla en el contexto de estas tres preguntas.

  • ¿Cuál es el propósito de esta regla?

Si Alicia le dice a Bob “Te prohíbo llevar a cualquier cita a ‘La casa de las almejas Clayton’”, ¿qué es lo que realmente está diciendo? Podría ser “siento que para que me valores dependo de la exclusividad”. Podría ser “me da miedo de que si haces las mismas cosas con los demás que haces conmigo, ya no me necesites más y me abandones”. Una gran posibilidad es que Alicia, al poner esta regla se esté sintiendo abrumada por el miedo de que sus necesidades no se estén cumpliendo, y que no se haya puesto a pensar en Cindy, a quien ahora le está negando la experiencia de las almejas Clayton.

  • ¿La regla sirve para cumplir ese propósito?

Si Alicia tiene razón, si Bob realmente no la está valorando y no hay nada de especial en ella, entonces prohibirle que vaya a ‘La casa de las almejas Clayton’ con su cita no va a asegurar que Bob no vaya a abandonarla. Si Cindy termina siendo “mejor” (lo que sea que eso signifique) que Alicia, entonces Bob se irá, con o sin almejas. Si Bob NO ve valor en Alicia, la relación está condenada y ninguna regla va a salvarla. Diciendo “Te prohíbo llevar a cualquier cita a ‘La casa de las almejas Clayton’”, Alicia, como mucho, se está comprando una falsa sensación de seguridad que enmascara su miedo al abandono subyacente, previniendo que lo confronte directamente.

  • ¿Ésta regla es la única forma de cumplir ese propósito?

Si Alicia realmente tiene miedo de que Bob no la valore y que la abandone si hace las mismas cosas con una nueva persona que con ella, entonces me parece que es mejor que Alicia confronte ese miedo directamente, y que le pida a Bob, de forma directa, ayuda para sentirse valorada. Puede haber muchas formas de que eso suceda… pasando más tiempo de calidad con Alicia, por ejemplo, o haciéndole saber a Aliciacuanto la valora, poniendo “noches de cita” con Alicia, todo tipo de cosas. La necesidad oculta no tiene nada que ver con las almejas.

¿Y qué? Yo estaba acá primero. ¿Por qué las personas nuevas no deberían respetar mis necesidades, incluso si hay otra forma de hacer las cosas?

“Respeto” es una palabra escurridiza y tramposa. Es parecida a “libertad”, todos creen saber qué significa, pero al momento de la verdad, pocas personas están de acuerdo en la definición.

Para mí, el respeto tiene que ser mutuo. Si Alicia le demanda respeto a la nueva novia de Bob, Cindy, eso sólo se puede dar si Alicia, en cambio, respeta la noción de que Cindy es una mujer adulta con sus propias necesidades y deseos, y que ella, también, se merece la oportunidad de tener la palabra en la relación. Imponer reglas por decreto en otras personas y luego demandarles respeto es furor (eso dicen) entre los líderes de Corea del Norte, pero se puede sentir un poco feo cuando hablamos de relaciones románticas.

Pero más pragmáticamente, porque intento ser pragmático, armar una situación en la que una persona impone reglas que se espera que otra persona cumpla, suele ser una acción destinada a fracasar. En el mejor de los casos, lleva a buscarle la vuelta a las reglas: “En realidad no comimos EN ‘La casa de las almejas Clayton’, pedimos las almejas para llevar y las comimos afuera en la terraza”.

En el peor de los casos, se arma una relación con cierta cantidad de tensión y conflictos acumulados. Si ves a la pareja de tu pareja como una fuente de estrés, si armas reglas para gobernar la conducta de esa persona, entonces estás empezando sobre una base para el conflicto. Porque creaste un ambiente en el que si querés que la nueva persona no vaya nunca a Clayton con tu pareja, y el deseo de la nueva persona es comerse esas deliciosas almejas en una cita con tu pareja, eso es una diferencia irreconciliable. El deseo de alguno no se cumplirá, y estás jugando la carta de “respeto” para tratar de asegurarte de que no sea el tuyo.

Hablando directamente de necesidades más que de reglas, “necesito sentirme especial y que me valorás”, creamos un marco en el que la competición es menos probable. Si tiene que ver con sentirse una persona valorada y única, y en realidad no tiene que ver con las almejas, entonces ¡dejá a las pobres almejas tranquilas!

Ahora, algunos casos son más claros que otros. Las reglas sobre la práctica del sexo seguro son muy comunes en las relaciones poliamorosas; de hecho, puedo asegurar que las excepciones son muy pocas.

Pero aún así, es bueno ser cuidadoso. La comunicación abierta es importante porque a veces, incluso las reglas que parecen claras y con propósitos razonables y necesarios pueden estar enmascarando cosas más profundas.

Por ejemplo, veamos la regla “No se puede tener sexo sin protección con otras parejas”

  • ¿Cuál es el propósito de esta regla?

Si Alicia le dice a Bob “no quiero que tengas sexo sin protección con nadie más”, probablemente hay una buena razón para eso. La razón para esta regla es bastante clara: proteger la salud sexual de Alicia, y la de todos con los que ella esté involucrada.

  • ¿La regla sirve para cumplir ese propósito?

Sí. La información sobre transmisión de enfermedades y protección no es ambigua.

  • ¿Es ésta regla la única forma de cumplir ese propósito?

Oh oh, ahora estamos en problemas.

Hay otras formas de cumplir con este objetivo. Por ejemplo, una norma de testeo de ETS antes de tener relaciones sexuales sin protección con alguien, combinado con no tener sexo sin protección con alguien que no se ha hecho el testeo, es efectivo. La salud sexual no es un problema si las otras personas involucradas no tienen ninguna enfermedad; no aparecen espontáneamente de la nada.

Pero a veces las personas insisten en la protección no sólo porque se preocupen por las ETS, sino también por el sentimiento de que es una marca de exclusividad, o porque se sienten más especiales si son la única pareja con vinculación de fluidos. Y a veces, las preocupaciones con respecto a las ETS pueden ser una máscara para cubrir esos sentimientos. (Este no es un ejemplo hipotético, por cierto, realmente pasó en mi red de relaciones.)

Se necesita mucho coraje para admitir algo así. Hablar de lo que realmente pasa bajo la superficie da miedo, es difícil, y nos hace vulnerables.

Si negocio reglas con mi pareja, una persona nueva tiene la opción de aceptar esas reglas o de irse, entonces ¿dónde está el daño?

Personalmente, siempre me pareció que este argumento es particular y especialmente cruel.

Al empezar una relación, es casi imposible predecir qué tan lejos llegará o cómo se verá. Es fácil aceptar reglas antes de que tu corazón esté en juego, y luego descubrir, después de que te enamoraste, que te enganchaste, que las reglas se vuelven molestas, pero tenés un compromiso con la relación y no te podés ir sin que eso te rompa el corazón profundamente.

En el mejor de los casos, quizás es crueldad no-intencionada de parte de Alicia y Bob, pero sigue siendo crueldad. En el peor de los casos, es una condena consciente y deliberada hacia Cindy, “Sos prescindible. Acá hay una lista, en la que no tenés palabra, de las situaciones y circunstancias en las que nos vamos a deshacer de vos”. De cualquier forma, Alicia y Bob terminarán usando este argumento para sentirse mejor al herir a Cindy diciendo “Bueno, ella sabía de antemano en lo que se estaba metiendo”.

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Voy a admitir que el prospecto de hablar abiertamente de nuestras necesidades, incluso cuando es difícil de hacer, y usar la comunicación en vez de las reglas suena escalofriante. Nosotros, los poliamorosos, hablamos todo el tiempo de lo importante que es comunicarse. Es incluso más importante que en verdad lo hagamos. Incluso cuando es difícil. Especialmente cuando es difícil.

Las reglas se sienten cómodas. Sin embargo, ese sentimiento en general es una ilusión. A veces, soltarse de la idea de que las reglas son importantes es una forma de construir relaciones con una base fuerte de confianza y comunicación, por más escalofriante que suene hacerlo.

Fuente:https://www.morethantwo.com/polyamorywithoutrules.html

Traducción:Navimuse, Luna B.