Estoy empezando

Cómo evitar el mal-flash del que recién conoce el amor libre

Por Juan Pablo DOrto / 06/02/17

La convivencia entre parejas y gente que recién está conociendo el amor libre no siempre es sencilla. Por eso durante estos años en mi casa hemos desarrollado un número de rituales , arcanos como una religión abrámica y rígidos como sorete de queso, con el fin de que sea más pasable el inicio.

Viste como es, conocés a alguien que te gusta y todo es de colores. Seducción por todos lados. - "Ay, te gusta el primer disco de Sodom? a mi también, cuantas coincidencias!", "¿vos también tuviste caspa a los 13 años? wow! somos almas gemelas!".

Arden los mensajes privados, mandás una foto toda pixelada con tu celular obsoleto y hasta ordenás tu pieza mugrosa para mandar un video pedorro por whatsapp.

Ganas de verse por mil.

Entonces exprimimos Google Calendar: cancelamos ir a ver a la abuela que está muriendo (total ya ni nos reconoce la vieja trola esa), faltamos al cumpleaños de nuestra mejor amiga (en sus 15 ella le dió la primer vela a otra persona, hija de mil puta, que se cague), renunciamos al trabajo que nos da de comer y encontramos finalmente un día en que podemos vernos ambos.

Lleno de felicidad, haces la invitación.

"¡Que bueno, mañana nos vemos!".

El tipo o tipa se viene en el Tren Roca y empieza a respirar el ambiente normal del conurbano: recibe un balazo de la policía en Avellaneda, desarrolla una nueva enfermedad al aspirar el tufo del Ceamse de Sarandí, se intoxica con un pancho en Wilde y le roban una córnea en Quilmes y medio riñón en Berazategui.

Finalmente cae en mi casa, aún entusiasmadísimo a pesar del heroico periplo.

La casa está en silencio. Tomamos algo o hacemos lo que pinte hacer. De repente el alerta terrible: un sonido. Actividad humana, cerca... en esta misma casa. O sea que me invitaste pero...

TU NOBIA ESTA AKA EZCUCHANDO COMO PECAMOZ

Ahí empiezan mil flashes que no sabemos como detener: que va a venir a plantear algo, que le molesta que yo esté, que le cae mal el poliamor, etc. El flash te caga la vida y a veces ni forma hay de detenerlo. Es una verga que justo en ese momento en que vamos creandonos la imagen de la persona que estamos conociendo esté ese mal flash. Conozco gente que no sabe abstraerse de una mala impresión en esos momentos, aunque sea una ficción.

Para evitar eso lo que nosotros hicimos fue lo siguiente:

La primera vez que alguien cae, tratamos de que la casa esté solo para nosotros, esto es, el invitado y el invitador. El resto nos vamos, primero pensando que vamos a salir a comer afuera tipo glamour, pero terminamos clavándonos un morci-pan en Camino General Belgrano. También es una forma de comunicar que aunque estemos en pareja podemos tener momentos de 100% de intimidad con nuevas relaciones. No, no me alcanzó con decirlo, creo que la gente las primeras veces necesita VER mas que confiar en palabras.

La segunda vez que vienen ya hay alguien, pero seguramente está en otro sector o haciendo algo. Tratamos de dejar solo al invitador y al invitado, pero seguro pasamos a saludar en algún momento en que estemos seguros que no se están culiando los sesos. Saludo amistoso, bien corto, charla boluda sobre "como llegaste" y le ofrecemos un par de mates. Después de eso nos vamos y volvemos a dejar solos a los tórtolos.

Es imposible de contar acá cuantos problemas nos redujo eso. Primero, si hacés algo así estás introduciendo un recurso que es muy escaso en las personas que están conociendo una relación poly: la normalidad. De repente todo es normal. Vienen a tu casa a conocerte, cojerte, hablarte o lo que sea... y te sirven mate y todo sigue su curso. Nadie te plantea nada, nadie te pone cara de orto, nadie te mea el territorio, nadie te apuñala. "¡bien! zafé una semana más de aparecer en Policiales con toda esta locura" piensa el invitado.

Nos fue muy perjudicial quedarnos todo el día ahí compartiendo espacio cuando los otros recién se están conociendo. ¿Por qué? Porque es difícil que alguien que viene con mil alertas contra "la otra pareja" no sienta que la relación que vive con su relación no lo está territorializando con su presencia. Además, no es sólo que tenemos que pelear contra la impresión de que está "invadiendo una pareja", sino que esa visión se le refuerza por jugar de visitante, en la casa de otra persona.

La tercera vez solemos repetir el ritual de la segunda, pero nos quedamos un rato más. La idea es mostrar que no tenemos hostilidad y el invitado no nos molesta. ¿que diferencia hay con la segunda? Pues que la segunda vez el invitado no tiene tanta certeza sobre si nosotros REALMENTE sabemos que ... igual que a Raúl, a nuestra pareja le están cargando de carne el baúl. En la tercera ya sabe, ve que seguimos siendo amistosos y no había estricnina en el mate de la semana anterior.

A partir de la cuarta vez, en el mejor de los casos ya estamos hablando de 1 mes que el invitado ya nos conoce y ya está más interiorizado. Ahí hacemos vida normal. Si estamos en la casa nos quedamos, o nos vamos según nos pinte.

Todo período es corto si hablamos de sacarnos estructuras de la cabeza, pero la flexibilidad mental que se tiene para cambiarlas es exponencial al tiempo que transcurrimos en conocerla y ambientarnos en ella. Cada vez es menos, y ciertamente al principio es MUY complicado tragarse todo de una. Nosotros lo resolvimos así.