Celos, Inseguridades y Otras Yerbas

¡Qué sentimiento! La primera compersión

Por Louisa Leontiades /

¿Viste cuando estás esperando a que venga el bondi desde hace una hora y de pronto aparecen tres juntos? Y por “bondis”, me refiero a “citas”. Pero justo donde vivimos pasan muy pocos colectivos, siempre manejados por choferes que te ven abajo de la lluvia con un racimo de rosas en las manos con esperanza para que te digan:

“Mirá, todo bien pero no sos el tipo de pasajerx que me gustaría llevar. Esperá que ahí viene otro.”

Y esto sucede porque es realmente complicado encontrar compañerxs compatibles en nuestra parte del mundo. Para empezar, estamos en una relación abierta pero viviendo en lo que aparenta ser una configuración de pareja jerárquica. Tenemos hijxs, lo cual no nos deja demasiado tiempo libre para tener citas.  Ubicadxs en una isla de difícil acceso. Hay un ferry que pasa cada una hora. Y bueno, eso.

No hay mucha gente que quiera su primera cita atrapada en la casa de alguien en una isla en medio de la nada… y es posible que aquellxs que se atrevan corran despavoridxs cuando encuentren mi hermosa pila de novelas policiales, biografías de asesinos seriales y todas las temporadas de CSI en DVD (las tengo por el aspecto psicológico, lo juro).  Así que, para tener una cita, tenés que alejarte una noche de tu hogar, ir a la ciudad y después volver a casa en el último ferry de la medianoche – un lindo viaje de 3 horas.

Pero entonces sucede: aparece la persona que lo entiende, lo quiere, no le asusta el compromiso, que tenga hijxs o las miradas raras en la calle. Alguien que dice… yo me arriesgo.

Así que cuando ella me dijo que quería que nos encontremos después de haber pasado una noche mágica con mi novio, grité de felicidad y tiré mi sombrero por el aire. Metafóricamente hablando (soy británica, después de todo). Así que corrí a casa para deleitarme con ese “bondi” – o por lo menos, por lo que me contaron– copado, hermoso, lleno de autoestima y ronroneé como un gatito. Él no había dicho nada más, pero podía escuchar su sonrisa del otro lado del teléfono y me hizo bien al corazón.

Cuando entré, ella estaba sonriendo pícaramente tomándose un café en el sofá. Tenía el pelo desarreglado, señal de haber pasado una buena noche. Apenas cruzamos las miradas, me empecé a enamorar de a poquito. Durante nuestro primer encuentro, compartimos historias, filosofías de vida e hicimos unas comparaciones interesantes… Nos reímos, nos abrazamos y nos agarramos de las manos. Mi novio nos volvía a servir café mientras hablábamos  con sonrisas de oreja a oreja. Cuando por fin se fue, se apoyó contra la puerta cerrada y me dijo:

“¿Y?”

“Estoy re feliz por vos, gil” Le dije.

Porque era como nosotros, alguien que se atrevió. Una mujer que amaba la vida con ferocidad y sin miedo. Y mientras lo abrazaba, me di cuenta. Lo había hecho de una maldita vez. Después de cinco años de esperar e imaginármelo, si siquiera era posible… sentí compersión. Esa sensación de felicidad por tu pareja, esa bajada excitante de montaña rusa, ese momento exquisito de pura felicidad, no por vos sino que  por tu amante…enamorándose de otra persona.

 

Fuente:http://postmodernwoman.com/what-a-feeling-the-first-compersion/

Traducción:Arachno Boris

Revisión:Pato