Sobre los vínculos y sus contratos

Por Perséfone / 03/12/14

Inclusive después de abrir la pareja a otras relaciones sexo afectivas, seguíamos teniendo la misma modalidad entre nosotros de cuando éramos monogámicos.

Cuando hablo de esta modalidad, me refiero a la idea de esperar algo de alguien, sólo por el título que esa persona tenga.

No considero que un contrato entre personas sea algo malo en si mismo. Éstos sirven para relacionarse cuando la persona no tiene un vínculo de carácter afectivo, por ejemplo, en una relación laboral o entre un inquilino y el dueño del departamento en alquiler.

Pero, ¿qué pasa cuando el lazo que te une a esa persona es de sangre, romántico, afectivo o sexual? ¿Sirven los contratos cuando se supone que no hay un interés más allá del cariño o el amor?

Nunca me había cuestionado, a lo largo de mis relaciones, la idea de que en realidad las cosas que yo hacía por ellas no eran siempre genuinas. En esos momentos creía que sí, que todas las veces que iba a un cumpleaños de alguna amistad, que iba a visitar a mis padres, que relegaba mis actividades para poder compartir otras con mi novio, estaba siendo genuina. Pero luego de ceder en repetidas oportunidades, de dejar de lado mis deseos del momento, mi comodidad o mis pasatiempos para poder ofrecerle ese tiempo y energía a mis vínculos, lo que yo hacía, consciente o inconscientemente era exigirles algo que yo considerara de igual valor.

Casi siempre y sin quererlo, porque desconocía el concepto, era algo que en realidad no pedía, sino que lo daba a entender, lo cual era bastante complicado, porque no siempre se entendía y la persona a mi lado no tenía el don de la adivinación. Esto es lo que se llama “comunicación pasiva”.

Entonces yo daba mucho de mi, pensando que está bien darlo todo cuando es tu novio, pero sintiendo que si es tu novio, también tiene que darte ciertas cosas. En la monogamia como norma, esto es algo implícito y si se aceptan esas reglas no debería, en teoría, haber ningún problema.

Las exigencias y los roces, incluso el resentimiento que surge cuando no existe la reciprocidad, son situaciones que la sociedad espera, tolera y hasta en cierto modo acepta y premia. Por ejemplo, con la tan mentada frase “si no hay celos es porque no te quiere”. Pero si bien son muy vistas en la monogamia por ser la forma de relacionarse que la sociedad pretende como ideal, no son exclusivas de ésta. Como bien dije al principio de este texto, las seguimos repitiendo aún después de abrir nuestra relación.

Lo hacíamos porque no conocíamos otra forma de relacionarnos, pero luego de empezar a plantear soluciones a problemas que fueron apareciendo, como por ejemplo, inseguridades propias, cómo dividir el tiempo entre cada vínculo y demás, surgieron ideas que terminaron por solucionar gran parte del problema de las exigencias.

Encasillar las relaciones: Clasificarlas en “amistad”, “amistad con derechos”, “noviazgo”, “touch and go”, es limitarlas y en cierto modo, es introducir una serie de contratos implícitos. Por ejemplo: Alguien con el título de “amistad” puede darte un beso en la mejilla. Jamás uno en la boca. Debe ir a tu cumpleaños o llamarte por teléfono. Si esa persona te acaricia o besa en la boca, independientemente de que esto sea con tintes sexuales, deberá llamarse “amistad con derecho”. Si esa persona siente que te ama y vos también lo sentís, entonces ahora tenés un “noviazgo”. Esa persona ya no es tu amiga. Ya no te debe una salida a bailar o un partido de fútbol todos los viernes. Ahora te debe una regular visita a tu casa dos o tres veces por semana.

Quizás los ejemplos son demasiado extremos, pero así se generan los contratos. Con ellos las exigencias. Con ellas el intento de reciprocidad. Con éste el resentimiento.

Cuantificar la reciprocidad: Las necesidades de cada persona son muy particulares, y lo que a mi me parece importante a otro individuo puede resultarle nimio. Viéndolo así, por más reglas que tenga una relación sobre cómo actuar ante cada una de las circunstancias, las exigencias van a seguir existiendo. Nunca se va a lograr determinar qué cosas son o no son recíprocas. Inclusive si se llegase a un acuerdo sobre esto, las personas cambiamos constantemente y las necesidades que teníamos hace unos meses pueden no ser las mismas ahora.

La comunicación pasiva: En este tipo de relaciones que no están atadas a contratos, la comunicación pasiva ya no puede considerarse una opción, por la cantidad de problemas que trae utilizarla. Como bien dije anteriormente, en la monogamia también existen este tipo de conflictos, pero la sociedad los valida.

Para cerrar este texto, dejo como complemento un link a un artículo muy interesante que habla con bastante detalle sobre la comunicación pasiva: Cómo la comunicación pasiva arruinó mi relación abierta.