Subirse (o no) a la escalera mecánica de las relaciones

“¿Esta relación está yendo a algún lado?” Si escuchaste este cliché (o quizá lo pensaste o lo dijiste vos mismo), bienvenido a la “escalera mecánica de las relaciones”.

La escalera mecánica de las relaciones está compuesta por las expectativas sociales estándar que determinan la conducta apropiada en las relaciones íntimas. Es una serie de pasos progresivos que están clara y visiblemente delineados, cuya supuesta meta estructural es el matrimonio con convivencia, permanentemente monógamo (con exclusividad sexual y romántica), y de ser posible, sancionado por ley. Esta escalera es el estándar social según el cual la mayoría de la gente evalúa si una relación íntima en desarrollo es importante, “seria”, buena, saludable, comprometida y si vale la pena construirla o continuarla.

Los pasos en la escalera mecánica de las relaciones varían según la cultura y la subcultura, y cambian un poco a través del tiempo. Actualmente, en la cultura occidental, la escalera que define las relaciones “serias” usualmente involucra estos pasos, en el siguiente orden:

  • Hacer contacto. Coquetear, tener citas casuales/ocasionales, y tener sexo (posiblemente).
  • Iniciación. Gestos o rituales del cortejo romántico, inversión emocional (“enamorarse”), y casi seguramente tener sexo (a excepción de las personas muy religiosas o socialmente conservadoras).
  • Reclamar y definir. Declaraciones mutuas de amor, presentarse públicamente como una pareja, adoptar y usar etiquetas de roles de relaciones comunes (“mi novio”, etc.), y establecer expectativas o acuerdos de intimidad monogámica exclusiva (sexual y emocional). Hacer la transición hacia el sexo con vinculación de fluidos (sin barreras de protección, a menos que eso implique el riesgo de un embarazo no deseado). Este es el punto en el que la etiqueta de pareja primariacomienza a aplicarse.
  • Establecimiento. Se adaptan los ritmos de vida para amoldarse al otro de manera continua. Se asignan patrones para pasar el tiempo juntos (citas nocturnas y encuentros sexuales regulares, pasar tiempo en la casa de cada uno, etc.) y se comunican diariamente (hablar, llamar por teléfono, enviar mensajes de texto, etc.). Se establecen expectativas de responsabilidad mutua sobre el paradero y el comportamiento de cada uno. Se empieza a insinuar, discutir o planificar un futuro compartido como una pareja monógama. Conocen a las familias del otro.
  • Compromiso. Mudarse juntos, compartir una propiedad y finanzas, comprometerse para casarse.
  • Conclusión. Casarse (legalmente de ser posible) y tener hijos (no es obligatorio, pero es ampliamente venerado por la sociedad). La relación se ha “consumado” y se espera que su estructura permanezca estática hasta que uno de los cónyuges muera.
  • Legado. Comprar una casa, tener hijos. Algunas parejas pueden no sentirse (o ser percibidas como) del todo “válidas”  hasta que no se alcancen estos puntos de referencia adicionales posteriores al matrionio, pero a menudo se los considera menos cruciales para la experiencia de la escalera mecánica de lo que hubieran sido algunas décadas atrás.

Puede haber alguna variación en estos pasos, pero en general no mucha.

escalera mecanicaPara ser justos, a pesar de su carácter restrictivo, la escalera de las relaciones suele funcionar bastante bien. Muchas personas son felices de verdad y se sienten realizadas viviendo en matrimonios permanentemente monógamos (o en uniones equivalentes al matrimonio).

Además, la fuerte aprobación social y legal, el reconocimiento y el apoyo del que gozan las parejas que llegan a la cima de la escalera y se quedan allí, ofrecen un nivel de seguridad y estabilidad que puede ser difícil de igualar con enfoques alternativos en las relaciones íntimas, las familias o los hogares. Este beneficio varía según etnia, clase social, orientación sexual o identidad de género.

Desde luego que la escalera mecánica no funciona para muchas personas , ya sea en absoluto, o para algunas parejas, o para alguna parte de sus vidas. En general se supone que fue culpa de estas personas, o simplemente que tuvieron mala suerte, pero no que hay un problema con la escalera en sí misma. Además, algunas personas son felices mezclando relaciones que entran en la escalera con otras que no, o características de ambos tipos de relaciones.

¿Cómo lucen las relaciones fuera del modelo de escalera mecánica? Algunos ejemplos incluyen:

  • Las personas poliamorosas autónomas que valoran las relaciones en curso, pero no quieren casarse o vivir con un amante.
  • Las personas poliamorosas que están abiertas a tener más de una relación íntima a la vez, con el conocimiento y el consentimiento de todos los involucrados.
  • Las personas que enfocan su vida en el trabajo, el estudio, su arte, sus hijos, etc. y no pueden o no quieren invertir tanto tiempo y dedicación en una relación típica de la escalera.
  • Los swingers que participan consensualmente en sexo recreativo, más allá de su relación primaria.
  • Las personas que desean intimidad emocional o una pareja de por vida pero que involucre poco o nada de sexo o romance (los asexuales y sus variantes, los queerplatónicos, etc.)
  • Las relaciones del tipo “ojos que no ven…” o que dan “permiso” para mantener otras relaciones.
  • Las relaciones sadomasoquistas o fetichistas que involucran dinámicas de poder íntimas que pueden o no ser sexuales e involucrar otras personas que no sean la pareja de la escalera.
  • Las relaciones a larga distancia, o en las que uno o ambos cónyuges están cumpliendo misiones militares, están en la cárcel o no están disponible físicamente por cualquier otra razón durante períodos extendidos; estas parejas suelen tener autorizaciones implícitas o explícitas para mantener otras relaciones.

La escalera mecánica de las relaciones es un estricto viaje unidireccional. Las parejas no tienen permitido dar un paso atrás (o a un costado) hacia una fase menos estructurada, o con una estructura diferente. Las únicas opciones válidas son seguir avanzando o separarse y empezar de nuevo con una nueva pareja. Las relaciones que permanecen demasiado tiempo en una fase intermedia sin “progreso”, o que son intermitentes se consideran “callejones sin salida”.

Por supuesto, en la vida real, la gran mayoría de las relaciones (con cualquier configuración) terminan con una separación. En general. cuando una relación llega a la fase del “establecimiento” y se termina (con un divorcio, una separación permanente, vivir en casas separadas, o cortar si no están casados), se dice que “se acabó” y “fracasó”, sin importar si se lograron cosas positivas durante su existencia o si queda algo de intimidad, afecto, apoyo emocional o amistad luego de la separación.

En efecto, ya que el matrimonio (o sus equivalentes) es la cima de la escalera, no hay una buena manera de bajar. Como consecuencia, nuestra sociedad carece de modelos según los cuales terminar o hacer una transición entre relaciones de buena manera. Las separaciones son casi siempre horribles y desgarradoras tanto para la pareja como para sus familiares, amigos y comunidades.

Por eso es una tragedia y un desperdicio que el resultado más común para las ex-parejas sea enemistarse, o desaparecer de la vida del otro. Si tuviéramos mejores modelos de relaciones que cambian o se terminan, tendríamos mayor apoyo social, y así causaríamos mucho menos daño.

La escalera mecánica tiene un gran poder sobre nosotros. La mayoría la adopta automáticamente como una hoja de ruta para definir nuestro estilo de vida y nuestras metas personales en las relaciones, elegir pareja, evaluar nuestras relaciones y juzgar las de los demás.

La parte “mecánica” es fundamental, porque mucha gente no cuestiona ni analiza la escalera de las relaciones. Más bien, la mayoría cree de manera subconsciente en la premisa que la escalera no es ni una preferencia ni una elección, sino que es una fuerza natural o incluso sobrenatural en sí misma, una mezcla de física y magia. Es simplemente como las “buenas” relaciones ocurren “de forma natural” (como el agua fluye cuesta abajo) y como se “supone que deben ser” (como si existiera la predestinación).

Incluso si no estás en una relación así, mientras sigas buscando o anheles tener una, seguís estando en la escalera. No necesitás una pareja, sólo adherir a los procesos y metas de la escalera.

¿Y si no querés subirte? ¿O si tus relaciones no se amoldan a este patrón? Eso es un problema, porque nuestra sociedad, por reflejo, trivializa, ignora o desprecia otras alternativas para mantener relaciones íntimas. Llegar a la cima de la escalera te valida ante la sociedad como un adulto y una persona que merece amor y respeto. Fracasar en llegar, bajarse por voluntad propia, o peor, no querer subirse, te señala como una persona inmadura, dañada, defectuosa, egoísta, poco confiable e incluso peligrosa.

La escalera es unidireccional, pero depende de una lógica circular. Esta lógica es el mito social de que existe “la única” (y solamente una) persona “ideal” para vos, quien se subirá con vos a la escalera y se quedará con vos para siempre. Bueno, entonces ¿cómo te das cuenta si la pareja que elegiste es en efecto “la pareja ideal”? Es una decisión que depende casi por completo del resultado; si llegaste a la cima de la escalera y te quedaste ahí, entonces la persona que te está acompañando tiene que ser “la pareja ideal” para vos… a menos, por supuesto, de que vos y tu pareja con el tiempo se separen de forma permanente o significativa. En ese caso, obviamente no fueron tu “pareja ideal” verdadera, y no importa lo que vos o los demás hayan pensado alguna vez.

¿Y qué pasa si uno o ambos terminan terriblemente infelices, solos, frustrados o incluso en peligro o privados de sus derechos al casarse? Sigue existiendo muchísima inercia y presión sobre ambos para que al menos aparenten que continúan comprometidos exclusiva y personalmente. Hacer esto prueba su lealtad al mandato social estándar, que tranquiliza a los demás al no obligarlos a cuestionarse sus propias relaciones. También te permite a vos y a tu pareja mantener el privilegio social “de pareja” y (en general) ahorrarse problemas personales y sacrificios materiales.

En la escalera sólo entran dos personas a la vez. Las relaciones que no exigen exclusividad sexual, o que abiertamente le dan a bienvenida a parejas adicionales (las relaciones abiertas y poliamorosas) suelen volverse blanco de deprecio, burlas, sospechas, ira o miedo. De hecho, esta opción es tan amenazante, que a pesar de que la mayoría de la gente en el mundo occidental ahora reconozca que las parejas del mismo sexo también pueden subirse a la escalera, se les prohíbe la entrada específicamente a las relaciones que no son monógamas.

En efecto, engañar es parte de la escalera. La monogamia aparente es mucho más común que la monogamia verdadera. Conectar a hurtadillas con otras parejas sexuales o íntimas es una faceta más de la vida en la escalera, reconocida hace larga data, e incluso moderadamente aceptada en ciertas culturas. Engañar refuerza, y en consecuencia, honra, a la jerarquía de la escalera. Se supone que las parejas adicionales son motivo de vergüenza, se les niega todo reconocimiento o derechos, y se espera que sean cómplices en ocultar su propia relación. Además, las parejas principales pueden hacer de cuenta que las otras parejas no existen, o se reservan el derecho de estallar en furiosos celos “justificados” cuando enfrentan la realidad.

Los ocasionales escándalos y la indignación que rodean a las figuras públicas infieles sirven principalmente para consolidar el poder de la escalera, pero casi ni afectan a la práctica del engaño.

Engañar también es una forma fácil de usar para terminar una relación en la escalera, ya que a menudo ofrece una nueva relación, lista para ser un escape. Simplemente, reemplazás a tu pareja a mitad de camino, no estás bajando de la escalera, lo que reduce el riesgo de que tengas que cargar con el estigma de ser un adulto sin pareja. Por supuesto, la persona a la que abandonás seguro sufra ese mismo estigma, pero es su problema.

Engañar es un parche, un atajo que intenta reconciliar la mitología de la escalera mecánica con la naturaleza humana. Suele funcionar (por un tiempo, al menos) pero condena a todos a comportarse mal, a evadir responsabilidades y a maltratarse. Lamentablemente, al ser el único modelo de no-monogamia que la mayoría de la gente conoce, con demasiada frecuencia las parejas que no son monógamas pero son honestas al respecto suelen adoptar las mismas convenciones basadas en la vergüenza o la jerarquía de los romances ilícitos.

Es importante reconocer que la escalera mecánica es tanto una elección personal como una convención social. Al menos en la cultura occidental moderna, es raro que se obligue a las personas a subirse y quedarse en la escalera. A cada paso, los involucrados toman decisiones conscientes e inconscientes. Cuando estás en la escalera, puede parecer como que te están arrastrando, pero en realidad todos eligen subirse.

Cada uno es responsable de los tipos de relaciones que mantiene. Las convenciones y presiones sociales tienen una fuerte influencia sobre qué modelos de relación son más fáciles o poseen mayor validación y privilegio. Mientras algunos siguen ignorando que existen modelos fuera de la escalera, la Internet está ayudando a cambiar esto.

Pero más allá de qué tipo de relación elijas, si también elegís ignorar, burlarte o despreciar las alternativas a la escalera, las consecuencias se extienden mucho más allá de tu propia vida. En definitiva, el respeto y la conciencia social que le otorgues a otros tipos de relación afecta a cualquiera que pueda llegar a considerar, o incluso a necesitar de verdad una relación que de algún modo esté fuera de la escalera.

Una parte fundamental de cómo frenar la tiranía de la escalera es simplemente reconocer que existe, que es una elección, y que existen otras opciones válidas. En conclusión, debería ser la sustancia y no la estructura lo que determine el éxito y el valor de una relación íntima.

Fuente:http://solopoly.net/2012/11/29/riding-the-relationship-escalator-or-not/

Traducción: Luna B. y Victoria Martínez