¡Te amo porque quiero que seas feliz conmigo!

Por Juan Pablo Dorto / 12/11/14

- ¡Te amo! ¡Te amo porque quiero que seas feliz conmigo!
– ¿Y sin vos, querés que sea feliz igual?
El otro día estaba pensando sobre parejas, prioridades, primarios y secundarios. Sobre cómo podemos acompañar a nuestras parejas: me enteré de un par de noticias.
Una mala: se sufre solo. Incluso si resigno mi vida para cuidar a un herido, el balazo lo tiene él y no yo.

Una buena: la felicidad también se conoce en soledad.

Luego pensé que me encanta ver a mis parejas felices. Bien felices, rebosantes. Si somos responsables o no de dicha felicidad es siempre secundario loco, siempre. Sí, es importante que nosotros proveamos. Pero somos siempre secundarios en la vida del otro.

Cuando hablo de felicidad hablo también de sexo, con o sin penetración. Realmente prefiero que me dediquen una hora por mes y verlos como una bomba de autorrealización, a verlos frustrados todos los días. Es hermoso saber que se ven, saber que se entienden, que se cogen, incluso que a veces discuten un poco. Cada vez se entenderán más y así serán más felices.
En cambio, si la felicidad de mi pareja me duele, hay alguna de esas prioridades que no está bien ubicada. Incluso si la felicidad de mi pareja es con mi mejor amigo o con mi peor enemigo. Son sus decisiones: así sea cursar una carrera universitaria, pelear en la legión extranjera, culiarse al compañero de trabajo o entrar al Opus Dei.

Las parejas de uno no son menores a nuestro cargo. O no deberían (si es así, sepan que pueden caer en cana, no jodan). Honrar las decisiones de alguien es amarlo. Pensar que no sabe decidir solo y que nosotros desde nuestra individualidad sabemos mejor que él qué es lo que lo hará más feliz no es amor ni respeto: es poder.

Conclusión con trabalenguas: Es amor ayudar para que quien amo ame a otro amor. Incluso en la ayuda mínima: el respeto. ¡Pensemos lo escaso que es el respeto, para ver lo preciado que es recibirlo!

“Amo a mi novia, pero no quiero que sea feliz con él”. Entonces, en algún punto no quiero que sea feliz.

“Deseo darle placer a mi pareja, pero no que ahora lo haga con otra persona.” Entonces, en algún punto no quiero que tenga placer.

Igualmente sigo pensando… ¿por qué será que lo pensamos tanto? ¿Qué diferencia me queda entre que mis parejas sean felices con o sin mí? Hasta ahora encontré solo una diferencia textual: mí. Y una consecuencia: la introspección.