Testimonio de Axel

Por Alex / 28/11/14

Hola, me llamo Axel. Encantado de conocerte.

Este es mi testimonio, mi historia, o como quieras llamarle. No lo considero un gran relato, pero lo poco que tengo es muy mío y lo gané con mucho esfuerzo. Por ese motivo lo quiero compartir acá, para que quizá pueda ayudar a alguien en su propia búsqueda personal.

Creo que puedo trazar mi camino en el amor libre desde algunas inquietudes en mi adolescencia, con las crisis personales y esas cosas que suceden cuando uno crece. Por ejemplo, nunca me sentí hombre. Nunca jugué al fútbol, nunca me percibí como “macho”, varonil, nunca me di vuelta para mirarle el culo a una mujer, nunca le grité nada a nadie en la calle. Nunca levanté a nadie en un boliche. Nunca.

Todo esto me trajo muchas angustias en su momento. No sé, yo sentía que no quería ser todo eso, pero ¿qué hay sino? ¿Por qué no puedo ser otra cosa? El mundo jamás le da herramientas a quien quiere trabajar por su cuenta. Estás con nosotros, o estás en nuestra contra. Sos un hombre o sos un puto. Llegué, bajo esta concepción, a cuestionar mil veces mi sexualidad; si era hombre y me gustaban las mujeres, ¿por qué era tan distinto en todo?

Así traté de entregarme plenamente siempre a todas las personas que se interesaban en mí, de ser brutalmente honesto y sincero con mis sentimientos: esa fue mi única manera de mostrarme como soy, de dar todo esperando recibir todo a cambio. Sentía que tenía muchísimo para compartir y que me encantaba la gente, pero no lograba hacerlo funcionar; al no seguir los rituales de los demás adolescentes para relacionarme, repelía a la mayoría de mis vínculos. Era como si temieran perder algo al salir de su rutina. Elegí entonces por muchos años entonces la estrategia contraria. Elegí blindarme y negar la posibilidad de que me entiendan.

Pasaron muchos años hasta que conocí a mi primer gran amor romántico, C. Viví cada momento junto a ella como algo genial, casi irreal. También sentí que mientras más pasaba el tiempo, ese sentimiento iba mutando, creciendo, volviéndose más flexible y sólido a la vez: no imaginaba un límite ni un fin para ese afecto. No hubo nunca una amenaza en el horizonte, un fantasma de la ruptura o de los celos. Fue en la seguridad y bienestar de este vínculo que comencé a leer bastante sobre sexualidad y amor, hasta que me topé con la existencia del poliamor y algo se destrabó dentro mío. Saber que existía algo así, que había personas viviendo de esta forma fue una bocanada de aire fresco en los pulmones, me sentí por primera vez menos solo, aunque sea por esta lejana promesa de alguien que piense como yo. Nunca me habían cerrado los vínculos amorosos de la gente “normal”, las cosas que se dicen en las mesas de los asados sobre las parejas (“de la muerte y los cuernos nadie se salva” me parecía una afirmación de lo más triste), o la necesidad de encontrar a alguien para toda la vida, la proyección a futuro de la casa, el auto, los hijos, el golden retriever con el collar rojo. A la vez, nunca había podido cuantificar ni volver exacto algo como un sentimiento, una emoción, o un vínculo. “¿Cual es el máximo de hijos que debería tener una persona?” es una pregunta que carece de total sentido y sin embargo la gente no piensa lo mismo acerca de “¿cuántas personas podés amar a la vez?”.

Sentí toda mi vida que quería llevar todo hasta su mejor versión posible. Siempre hay tiempo para volver sobre tus pasos, para corregir cosas, para remendar errores. Traté de llevar esa manera de pensar a mi relación con C.; quería mejorar siempre lo que ya tenía hasta ese entonces, y liberarnos mutuamente, independizarnos aún más. Personalmente no lograba ver contradicción entre independencia y amor. Lo logré sentir tan real y auténtico dentro mío… y si hubiese tan solo una cosa que C. logró enseñarme, es a seguir mi intuición.

Dimos el paso: abrimos la pareja. Costó muchísimo darlo (creo que podríamos medirlo en mililitros de lágrimas lloradas por ambos). Pasó un largo tiempo hasta que yo tuve relaciones sexuales por primera vez con otra persona, luego de 6 años de furiosa monogamia. Me sentí terriblemente, no logré disfrutarlo demasiado. Sabía y sentía que estaba haciendo lo que de verdad quería hacer, pero algo dentro todavía me envenenaba, se negaba al cambio. Pero seguí adelante.

Y bueno, desde ese momento todo comenzó a ser mucho más fluido. Comencé a hacerme cargo de mis decisiones; “salí del closet” con mi familia, desarmé por completo la relación monógama con C. para poder conocernos en estos nuevos términos y plantear un código nuevo, una manera diferente de relacionarnos. Tuve otra relación corta en simultáneo, muy fructífera, que me enseñó montones sobre este camino y sobre mí. Hoy me siento muy bien viviendo libremente el amor y mis relaciones personales. Es lo que quiero, es lo que necesito y es lo que voy a hacer. Trato también de llevar este nuevo modo de relacionarme a mis otros ámbitos, a resignificar los vínculos con mis familiares y amigos, con distintos grados de éxito.

Fue, hasta el día de la fecha, un camino principalmente de autodescubrimiento, de replanteo constante de valores y dinámicas personales. He tenido sexo sin amor, amor sin sexo, amistades más profundas y otras situaciones completamente alienígenas para el ojo mononormado. Y, si bien ha habido situaciones geniales como también otras nefastas, no me arrepiento en lo absoluto.

Bueno, eso. Mi historia no tiene grandes frases para enmarcar en un cuadro, pero la construí yo.

Mil gracias por leerme.