Orientaciones y Formas de relacionarse

Yo fui “la otra”. Anarquía de metamours.

Por MICHÓN NEAL / 20/04/16

Llevaba un par de años conociéndolo, o algo cercano a conocer. Iba y venía en mi círculo ampliado de amistades de la secundaria, conformado por lobos solitarios, raritos y marginados. Me resultaba interesante, aunque nunca llegaba a hablar con él lo suficiente para saber por qué. A veces, algunas personas me llaman la atención y me hacen querer conocerlos.

Antes describía esto como sapiosexualidad. Ahora tengo un término menos capacitista y más apropiado: noetisexualidad

Noetisexual –sentir primero y principal una atracción mental, sentirse atraído por cómo funciona una mente, en lugar de por algo limitado como la “inteligencia” (¿inteligencia de qué tipo?). No es una sexualidad per se, es un tipo de atracción como la atracción sensual o la emocional.

Explorar el panorama mental de alguien es el súmmum de la felicidad para mí. Es por esto que las mentes neurodivergentes me resultan deliciosas. Hay algunas personas que activan mi radar casi de inmediato, haciéndome posible "probarlo” o “probarla” sin que ninguno de los dos emita palabra.

Para alguien con Asperger, a quien se le escapan muchas indirectas sociales, me resulta bastante fácil divisar a mis colegas los raritos. No me ocurre con todas las personas neurodivergentes; después de todo, todos tenemos nuestra personalidad. Pero con todos los que llegué a tener relaciones profundas, suele comenzar con ese momento sagrado, ese “bocado”, ese breve destello de todo un panorama mental a libre disposición para mí.

Así comenzó con él. Sólo estuve un año en esa escuela horrible, pero él fue una de las personas que quería conocer mejor, alguien que me generó mucha curiosidad. Él tenía novia, yo no la conocía bien a ella; siendo yo, hice lo que suelo hacer: nada. Y como no lograba darme cuenta de si realmente lo quería o si realmente me atraía, ni siquiera tuve la torpe verborragia de sentimientos sin esperanza de reciprocidad que acostumbro tener.

Lo dejé pasar.

Me cambié de escuela y la mayor parte del tiempo me sentí más cómoda entre varones. Dejando de lado algunas veces en las que mis compañeros intentaron iniciar encuentros sexuales conmigo sin ninguna posibilidad de una relación (siempre elegían estar con las chicas blancas, que les parecían más aceptables), por lo general disfrutaba de pasar mi tiempo usando herramientas. Conocí a un chico maravilloso que fue la primera persona que me dijo que mi felicidad importaba.

Desde ese momento, perseguí deliberadamente mi felicidad. Hasta entonces me había mantenido escondida, marginada, denigrada y forzadamente invisibilizada. Después de ese año, cuando conocí a ese chico que fue mi novio, comencé, finalmente, a romper el cascarón para poder nacer.

Terminamos en buenos términos, pasé a la vida universitaria. Conocí a la persona con quien tuve una relación más larga. Y me encontré de nuevo a ese chico de la secundaria en una clase de filosofía. Se sentó al lado mío en un instante que pareció completamente irreal, tanto que impregnó con un aura de irrealidad cada encuentro que tuvimos a posteriori .

Después de clases, charlamos. Lo llevé al departamento en el que vivía con amigos y charlamos. Confié en él y le conté sobre la cirugía que había tenido recientemente, la primera de muchas. Con su voz suave y poética me pidió ver lo que habían hecho los médicos. Me levanté la remera y él tocó la incisión en mi ombligo, con ojos vidriosos de admiración, dolor y algo más.

A medida que la energía se acumulaba en la habitación, saqué una de mis historias para leerle. No recuerdo cuál. Pero en un momento levanté la mirada porque notaba con mucha intensidad sus ojos sobre mí.

¿No es igual a mi personaje Damon?

Entonces saltó hacia adelante y me besó. Mi respiración se detuvo y el momento nos rodeó. Nuestras mentes se tocaron con tanta convicción como nuestros cuerpos.

Unas horas más tarde dijo que tenía que irse. Me ofrecí a llevarlo y lo acompañé afuera. Ciegos en el resplandor del post, no podíamos mirarnos, y así, con brusquedad, ambos confesamos que estábamos involucrados con otras personas; él, que yo fui su primer encuentro sexual. Como él estaba en una relación monógama, acordamos no volver a vernos hasta que hubiésemos arreglado las cosas con nuestras respectivas parejas.

Mi pareja se enojó porque el momento de intimidad había ocurrido antes de que tuviera la oportunidad de enterarse. A mí tampoco me gustó mucho, pero no podía verlo como un engaño. Nunca fue mi intención ni mi costumbre retener información, engañar o manipular a nadie, aunque todo haya salido al revés. Y, como soy una arromántica anarquista, la intimidad nunca fue propiedad privada ni algo exclusivo.

Pero aún así, sin duda hubieron sentimientos lastimados. No volví a hablar con el otro hombre por unos años. Cuando me contactó, mucho después de haber cortado con su novia, las ansias por conocernos estaban tan presentes como antes. Nuestra amistad, a pesar de que acordamos que el sexo no sería parte de ella, floreció más allá de todo recipiente. Esa aura de irrealidad envolvió y acompañó cada intercambio.

Fue el lazo más pacífico que alguna vez experimenté. Mutamos desde y hacia una amistad sexual y una amistad íntima durante años, sin terminar de definir y sin terminar de saber qué éramos. Bailábamos alrededor del otro como una estrella binaria.

Él finalmente tuvo la libertad de explorar la intimidad a su antojo. Aunque tenía sentimientos encontrados respecto a pasar tiempo conmigo particularmente, pudo pasar tiempo con otras mujeres (y probar con algunos hombres).

Eventualmente dijimos “a la mierda” y dejamos que las cosas sean, y aún sin saber qué éramos empezamos a presentarnos a nuestras familias. Decíamos en broma que mi hijo había nacido de los tres, porque se parecía mucho a nosotros tres. Él me deseó lo mejor cuando me mudé a 4800 km.

Y luego, cuando por fin había reunido la energía, la valentía y el tiempo para presentarlo a la persona que más me importa, mi hermana; falleció. Finalmente perdió la batalla contra su enfermedad mental. Habíamos pasado tanto tiempo dando vueltas y vueltas, sin una etiqueta, y salir del closet frente mi hermana me llevó a un doloroso distanciamiento temporario con ella, sumado a la angustia que ya sentía.

Dije “nunca más”, y lloré su muerte libremente, ya no me importaba. Una mujer de quien tenía un vago recuerdo de la secundaria lo lloró conmigo, y nos hicimos muy, muy cercanas. Había pasado casi un año de su muerte cuando comprendí la verdad: ella había sido su novia cuando él la “engañó” conmigo (uf, aún no sé si engañar es la palabra correcta).

Recordaba que la llamaba por teléfono a veces mientras yo estaba acostada a su lado. Yo sabía que eran cercanos, pero sólo los había conocido como amigos (excepto en la secundaria). Estaba simplemente agradecida por el obvio amor que se tenían.

Pero cuando descubrí, tanto tiempo después, que yo había sido un factor en su ruptura, sentí mucho amor, tristeza, dolor. El hecho de que su muerte nos haya acercado fue una bendición.

Ella y yo nos amamos tan sinceramente, tan naturalmente, a pesar de que lo nuestro es considerado la situación más horrible en cualquier relación. Compartimos un lazo único y un pozo de dolor que las brillantes memorias de él a duras penas alcanzan a llenar.

¿Somos metamours? ¿Somos amantes? ¿Somos amigas? ¿Somos una familia?

Así como él y yo nunca encontramos las palabras adecuadas, tampoco las puedo encontrar con ella. No sabemos, y dudo que realmente nos importe. Hablamos de vivir juntas un día. Hablamos de nuestros dolores crónicos de mierda. Hablamos de la bisexualidad y de cómo encaja con nuestra devoción religiosa.

Hablamos de que lo extrañamos.

¿Soy yo ese ente demoníaco, esa “otra” que tantas personas imaginan? ¿Debo limitarme a la imagen de la rompehogares? ¿Soy irresponsable?

¿Me importa?

Yo amo con libertad, sin arrepentimientos, sin expectativas. Lo dejo crecer orgánicamente. No busco domesticarme, a mí ni a nadie. Como toda flor silvestre, crezco en libertad, entrelazándome con seres encantadores.

He roto el cascarón del mundo.

 

Fuente:http://postmodernwoman.com/i-was-that-other-person-metamour-anarchy/

Traducción:Malena Carranza

Revisión:Navimuse